La Cofradía Comunista
-pensando la izquierda-
Héctor Aguilar Camín
10 de agosto de 2007
La izquierda comunista, la que viene del Partido Comunista Mexicano propiamente dicho, no es revolucionaria ni subversiva.
No quería hacer la revolución, sino ganar un espacio público y un lugar político propios, a la manera de los partidos comunistas fuera del mundo socialista. Era un grupo de espíritu catecúmeno dedicado a defender el socialismo real y a luchar contra el imperialismo americano.
La historia de las vinculaciones, las independencias y subordinaciones de esa izquierda con Moscú está por hacerse, lo mismo que su balance sobre el mundo que terminó con la caída del muro de Berlín. La izquierda comunista fue parte orgánica, aunque ancilar de aquel mundo; no puede no haberlo sido de su desaparición. Algo tiene que decir y decirse sobre aquello, no para darle cuentas a nadie, sino para clarificar su propia memoria.
El mayor espacio ganado por esa izquierda en la vida pública de México no fue en el campo de las luchas obreras, como quería el manual soviético, sino en el de la cultura y sus ramificaciones. Por un lado, las universidades públicas, en su triple dimensión burocrática, académica y sindical. Por el otro, la vida intelectual y la opinión pública: libros, revistas, periódicos, editoriales.
La cofradía comunista tuvo un diálogo ríspido y desigual, pero intenso y efectivo, con las tradiciones estatistas y nacionalistas de la Revolución Mexicana. Difería pero coincidía con ellas en la lógica del Estado popular, aquella invención invencible de Vicente Lombardo Toledano, tan combatida por José Revueltas, que invitaba a la izquierda a unirse al gobierno para frenar al imperialismo afuera y a la plutocracia adentro.
Los vasos comunicantes de la izquierda comunista con el PRI fueron más fluidos de lo que se piensa. La historia de los comunistas está llena de tránsitos de sus ideólogos estelares a las filas progresistas del PRI, donde les daban suntuosas bienvenidas.
La cofradía comunista fue el puente mayor de la izquierda mexicana hacia la democracia. El lugar que buscaban no exigía la ruptura del orden, sino tolerancia, legalidad y espacios democráticos. La izquierda comunista fue a la reforma política que la legalizó en el año de 1978 como a su verdadera vocación: la política abierta, legal, institucional.
Fue una izquierda más intelectual y burocrática que popular, más reformista que rupturista, más eurocomunista que estalinista. Fue la aliada de la reforma política, no de la revolución social. Lo sigue siendo.
Publicado en Milenio
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