20 jul 2008

La izquierda de las ideas debe vencer a la autoritaria


Rodrigo Borja
Entrevista de Daniel Blancas Madrigal
02-abril-08


Rodrigo Borja. Fundador ideológico y figura máxima del partido socialdemócrata Izquierda Democrática. Fue presidente de 1988 a 1992 y candidato en 1978, 1984, 1998 y 2004. Diputado en las legislaturas de 1962, 1970 y 1979. En diciembre del año pasado se le nombró secretario de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y ha expresado que su principal objetivo es fusionar la Comunidad Andina (CAN) y el Mercado Común del Sur (Mercosur).

“Mi alegato es favor de las ideas y de la política impersonal” En México, dice, hay una constante pelea entre las izquierdas democráticas y las autoritarias. "Los mexicanos no se sustraen a esas izquierdas en las que una masa se arremolina en torno a un caudillo populista. Mi alegato no es a favor de los líderes mágicos, sino de las ideas". Cuando se le pregunta sobre López Obrador contesta: "No lo conozco... A quien sí conozco y respeto como un líder que puede ayudar a que pese más la ideología que el caudillo es a Cuauhtémoc Cárdenas".

Copa en mano, accede a la charla. Dos son sus condiciones: esperar a que el mesero sirva una segunda ronda de vino tinto y olvidar la política ecuatoriana, "por nostalgia y precaución".

—Olvidemos pues la ecuatoriana, pero no la mexicana —se le aclara.

—Entonces que repartan vino mexicano, para estar más a gusto… "Soy un hombre de izquierda

—se describe de inicio—, pero de una izquierda democrática, porque hay muchas ideologías con piel de oveja".

— ¿A cuál llama democrática?

—A la compatible con la libertad, con el respeto a los derechos humanos y con las prerrogativas de los pueblos para elegir libremente a sus gobernantes.

— ¿Y las otras? —Son autoritarias… En las democráticas la aspiración es el cambio social, pero sin trastocar la libertad; en las autoritarias también se busca un cambio, pero sobre los escombros de la libertad.

—¿Y cuál de esas izquierdas observa en México?... Borja se reacomoda en el sillón del que nadie es capaz de moverlo por una noche. Participa, en el Museo de la Ciudad de México, en una reunión de líderes de izquierda que buscan la independencia de Puerto Rico. Acepta una charola de canapés y retoma el hilo de plática.

—Habría que decir que la izquierda tiene diferencias de orden regional, encauzadas por las diversas condiciones espacio-temporales en el mundo. Aquí, en México, hay de las dos izquierdas y están en constante pelea. Hay movimientos, partidos, grupos y personas comprometidos con la libertad y a la par con las transformaciones económicas y sociales; pero hay otros que prefieren el autoritarismo y a quienes no les conviene fortalecer la libertad.

—¿A qué partido o personajes ubica en cada lado?

—No tengo derecho a etiquetar a nadie.

—Pero habla usted de partidos y personas, ¿es común en las izquierdas que haya líderes por encima de movimientos?

—Sobre todo en América, en la que todavía los países se desarrollan en un ambiente muy limitado en el aspecto político, hay por desgracia la personificación de los partidos y de las ideologías políticas. Es parte de un infra desarrollo político, del cual México es parte. Cuando los pueblos se desarrollan anteponen el valor de las ideas a los influjos personales de los líderes; éste es, para mi gusto, el síntoma número uno del desarrollo político. Pero en América y en México hay atraso en la materia.

—Se personalizan las ideologías…

—Lo dice el caso mexicano, por ejemplo: la gente está en un partido que se dice de izquierda no porque sus ideas le parezcan buenas, sino porque le entusiasma un líder. Hay una tendencia caudillista, antes que una ideológica.

— ¿Es posible conciliar los pesos individuales y los colectivos?

—Mi alegato es a favor de las ideas y de la política impersonal. Los mexicanos no se sustraen a esas izquierdas en las que una masa se arremolina en torno a un caudillo populista. No creo en el caudillismo mágico de los líderes populistas. Esto sólo se acabará con cultura y desenvolvimiento político.

— ¿Conoce usted a Andrés Manuel López Obrador?

—No lo conozco, sé poco de él y de su ideología en pro de las libertades.


— ¿Lo ubica como un líder de izquierda?

—A quien sí conozco y respeto mucho es a Cuauhtémoc Cárdenas. El ingeniero puede ayudar a este desarrollo en el que pese más la ideología que el caudillo que mueve masas.

— ¿Por qué Cárdenas?

—Me parece un hombre bienintencionado, inteligente, preparado, solidario, honorable; tengo muy buena impresión. A López nunca lo he visto físicamente. Como Cuauhtémoc lo hizo en México después de 1988, Borja fundó hace 30 años en Ecuador el partido Izquierda Democrática, que durante mucho tiempo fue la primera fuerza política de su país.

— ¿Cuál debe ser entonces el papel de la izquierda en México y en otras sociedades?

—Impulsar, diseñar, procesar un cambio económico y social. Las llamadas democracias contemporáneas, en la mayor parte de los países del mundo, son apenas democracias políticas, pero no son democracias económicas ni sociales. La gran tarea de las izquierdas democráticas del mundo es hacer de la democracia un bien tridimensional, que comprenda aspectos económicos, políticos y sociales.


Y prosigue: "Durante largo tiempo, en el curso de la Guerra Fría, veíamos en Occidente democracia política, pero injusticia económica, sólo un pedazo de la democracia; y del otro lado, veíamos lo contrario: meritorios esfuerzos a favor de la igualdad y de la equidad, pero menosprecio total a la libertad, democracias económicas, pero no políticas, era el otro pedazo. En la etapa de la posguerra fría, el gran cometido de las izquierdas civilizadas es integrar la democracia política con la económica y social; hacer de ellas un todo, a fin de que el sistema sea tridimensional".

— ¿Hay alguna izquierda en el mundo que se acerque al ideal?

—Tal vez la izquierda de los países nórdicos europeos. Conocí personalmente y tuve una cercana amistad con el gran líder sueco del siglo XX: Olaf Palme; recibí de él grandes lecciones democráticas.

— ¿Cuáles?

—Un día me invitó a que fuera uno de los oradores de la convención anual de su partido socialdemócrata. Había que viajar a hora y media de Estocolmo… Íbamos en el automóvil el chofer, Palme y yo, sin motocicletas ni sirenas, ni comitivas, ni gritos ni edecanes; nada y eso me impresionó. Llegamos tarde al lugar, había ya 4 mil personas reunidas y pensé que la gente lo iba a aclamar como su gran líder y, para mi sorpresa, nadie aplaudió. Cruzamos el gran coliseo en silencio y comprendí cómo los suecos se habían alejado del caudillo y distanciado de la tribu.

—El caudillo promete subsidios, a veces dinero…

—El verdadero hombre de izquierda democrática no puede pensar en el ser humano como un ser moviente al que hay que proteger y alimentar y al que se le puede negar el oxígeno de su dignidad: la libertad plena.

Publicado en Crónica

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