20 jul 2008

La Izquierda utópica
-pensando la izquierda-
Héctor Aguilar Camín
14-agosto-07

El árbol de la izquierda es frondoso y echa su sombra sobre buena parte de la historia moderna de Occidente. Difícilmente habrá una corriente de pensamiento de raíces tan nobles, árboles tan torcidos y frutos tan amargos.

La cuenta de los despojos de aquel sueño es demasiado grande pero la evidencia de las deformidades del mundo sin socialismo real tampoco es una invitación al optimismo respecto de que el juego ha terminado, el ideal socialista ha muerto y nada hay más que decir.

La historia camina por el lado malo, dijo Engels. La historia del socialismo caminó por la parte mala del camino malo. Pero la nobleza de sus raíces, el poder de sus pensadores y el fuego profético y redentor de sus ideas, sigue atrayendo, iluminando y nublando las mentes y las voluntades de algunas de las mejores cabezas y los más genuinos impulsos justicieros de México.

Hay sólo un pequeño grupo dentro de la izquierda mexicana que reivindica para sí, tal cual, la causa utópica clásica del socialismo: la certidumbre histórica, filosófica y moral, de que la historia camina hacia la sociedad sin clases y que el socialismo ha de ser el punto de llegada de la historia, el fin plenamente humano de la historia.

Sólo un puñado de gente sostiene expresamente estas creencias dentro de la izquierda mexicana, pero la pulsión utópica, la fe en el progreso y en el triunfo final de la causa socialista por su intrínseca superioridad histórica y moral como proyecto de la vida humana, baña la conciencia política de muchos miembros de la izquierda, me atrevería a decir, en una u otra medida, de todos ellos.

De esta conciencia radical, a la vez sincera y prepotente, de la superioridad histórica y moral de la causa de la izquierda surge el correspondiente, ubicuo, persistente, tono de superioridad moral con que la izquierda habla de sus adversarios.

No hay nada en el PRD que justifique la pretensión de ninguna superioridad moral, política o ideológica sobre sus adversarios, pero en la conciencia de la gente de izquierda sigue viva la impronta de la izquierda utópica, altar de pocos curas y muchos fieles.

Es en esa franja de la izquierda donde surgen los únicos trazos verdaderamente autocríticos del PRD, trazos minoritarios pero profundos y radicales, como no se escuchan en ningún otro partido, denunciando la corrupción, el clientelismo, el pragmatismo electoral, el olvido de los principios, la politiquería y la manipulación de la vida partidaria.

Publicado en Milenio

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