9 sept 2008

José Guadalupe

José Guadalupe
Roberto Zamarripa
8-Sep. 08

¿Cómo acometer las turbulencias en un país al que se le agota la esperanza? Son tiempos difíciles con violencias criminales y espectáculos mediáticos de una batalla que no tiene ganadores. Las respuestas oficiales no atemorizan por lo burdo sino por lo incompetente. La autoridad anuncia los controles que no logra y difunde los éxitos que no alcanza. Las ejecuciones de policías hechos sicarios no son resultados de batallas de raras bandas criminales sino de los mismos empleados de las procuradurías y jefaturas policiacas. Parece inagotable el suministro de efectivos de la policía hacia el hampa mientras año tras año fracasan todos los intentos de reestructurar a los cuerpos policiacos.
La impunidad es la madre de todas las batallas. Está presente en la violencia del crimen y en la deficiente respuesta gubernamental. Lo está en la gestión de gobierno y en la revisión del pasado. Presuntamente se construyen mayorías estables para las grandes votaciones por venir erigidas sobre dispensas de todo tipo de rendición de cuentas. La impunidad no es necesariamente el mejor cemento de los acuerdos. Por el contrario, corroe, diluye, destroza las posibilidades de pactos y entendimientos. Si es impune un gobernador más lo serán los policías. Si es impune un magistrado con mayor razón los sicarios. Si es impune un secretario de Estado mucho más sus subordinados. Afanarse en la construcción de impunidades es un mal empeño y un mal legado.
El exceso de propaganda es directamente proporcional a la carencia de consensos. El exceso de promesas parece corresponder proporcionalmente a los listados de mentiras. La política no es, desde el poder, una acción de servicio al ciudadano sino una lamentable acción de justificar el engaño con apariciones televisivas.Como pocas veces el descrédito de la política y las debilidades en los argumentos del gobierno se ensanchan y se hacen costumbre. La narcopolítica o el narcopoder son resultado de esas cadenas de impunidades y por eso exhiben con todo desparpajo mantas y carteles que reclaman las deudas mal pagadas. El narcopoder se enraiza y consume presupuestos, vidas y energías. La pirotecnia televisiva no alcanza para justificar o enmendar. Es la patética señal de las deficiencias.Septiembre no pinta tranquilo. Si se consuman las intenciones de acelerar la aprobación de reformas petroleras sin consenso se cosecharán enconos y protestas. Ha faltado política y ha sobrado cinismo. Tiempos complejos donde la sencillez del mando no aparece y la frivolidad desborda en los personajes presuntamente destinados a dirigir la nave en los peores tiempos.
Acometer con prudencia, acometer con inteligencia, es un verdadero reto. Descifrar las inquietudes ciudadanas supone una tarea paciente, sigilosa, atenta e ingeniosa. Hacerlo sin desesperaciones, con la necesaria necedad del tolerante, es algo que pocos están dispuestos a labrar con sacrificios.
Hay quienes decidieron acometer las turbulencias en el intento del rescate de la esperanza. Van a las calles, a los barrios, a las casas; pregonan pero entierran el dogma. Andan desinteresadamente por los rincones que otros desprecian. Quienes decidieron acometer la turbulencia así, a su modo, no se cansan. Van, regresan, suben, bajan, andan y desandan. En su camino siembran lealtades y cosechan amplias solidaridades. Tras de sí arrastran una cauda de sonrisas y manos que empujan sin desmayo.
No tienen armas. Son sus manos limpias, su alma abierta y su inteligencia puesta en las causas de otros, de los murmullos colectivos y de las tenacidades de la gente simple.
José Guadalupe es de esos. Organizador silencioso, talento solitario, amigo leal, hermano, para José la política no se disocia de lo humano. Por tanto no podía significar un juego de engaños, de mentiras o de traiciones.La política tiene causa e implica sacrificios. Puede tener, a pesar de todo, dosis de esperanza y regocijo; franjas de claridad y de credibilidad. La política entendida como vocación de construir, de sumar, de entender y convencer.
José Guadalupe ha vivido para esa política. Vivir no es durar. Si eso fuera muchas de las longevas y dañinas trayectorias de otros personajes difícilmente podrían considerarse como trayectos de vida, de construcción.Vivir es cumplir. José Guadalupe cumplió. Muchos de los suyos habrán de entender el otro cauce de la otra política. La que está lejos del engaño y lejos de la intransigencia. La política que construye, que convence, que anima y solidariza. No la que aisla. La que acomete con prudencia e inteligencia. Como acometió José.

Publicado en Reforma

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