10 oct 2008

La crisis y Pemex

La crisis y Pemex
Pablo Gómez
10 de octubre 2008

La crisis económica mundial ha modificado parcialmente el debate sobre la industria petrolera. Tuvo que revelarse un agotamiento del patrón de acumulación de capital para que el gobierno de Felipe Calderón admitiera públicamente que Pemex ha sido sangrado en sus propios recursos, los cuales fueron usados para cubrir el déficit gubernamental, condenando a la paraestatal a contraer deudas onerosas y perjudiciales a sus actividades industriales. El contratismo ha sido cultivado durante muchos años con resultados inicuos para el país y aunque los Pidiregas no son la única causa de aquél, éstos han contribuido a la desindustrialización de nuestra sufrida industria petrolera nacional. Calderón propone, como lo hizo el PRD hace años y con mayor énfasis muy recientemente, que no haya Pidiregas, es decir, financiamiento a través del contratista ante la falta artificial de liquidez en Petróleos Mexicanos. Propone también, al igual que el PRD, reconocer la inmensa deuda de Pemex como deuda pública directa para dejar atrás los disimulos inocuos y poder renegociar mejores términos de ese débito. Pemex debe usar su propio superávit para hacer las inversiones necesarias. Si esto hubiera ocurrido en los recientes años de vacas gordas en el mercado petrolero mundial, Pemex hubiera aportado mucho más a la economía nacional. Es positivo que el gobierno admita la propuesta del PRD y de muchos especialistas. Pero hay que cuidar que la Secretaría de Hacienda no utilice subterfugios ni haga maniobras para escatimar parte del superávit con pretextos técnicos o políticos. Es necesario que en el Congreso se hagan bien las cuentas para evitar los consabidos embargos a las arcas de Pemex. Es también muy positivo que se use uno de los fondos petroleros para iniciar la construcción de una refinería, pero deberían ser dos de 300 mil barriles cada una y eso se puede hacer ahora mismo. La Cámara puede completar la propuesta sin titubeos y sin admitir la versión de que es imposible hacer dos cosas al mismo tiempo, pues se pueden construir dos refinerías gemelas ya que existen ingeniería e industria suficientes dentro del país aunque la ineptitud de los funcionarios oculte las capacidades nacionales. Calderón ha admitido que para promover el crecimiento económico es necesario impulsar la inversión pública. Se tardó en aceptarlo y sólo la crisis le presentó los argumentos. Tarde, pero ya se reconoce un poco la realidad. Ahora, es necesaria la consecuencia y, como el gobierno va a tratar de hacer lo mínimo, la Cámara debe realizar un análisis de los montos de inversión requeridos y de los proyectos que deben apoyarse. Faltan muchas cosas que deben ser planteadas pero hay algo en lo que Calderón se resiste más: la cancelación de gastos innecesarios. El país podría dar un uso productivo a muchos miles de millones que se gastan sin causa verdadera ni justificación. Los diputados tienen la palabra.
Publicado en Milenio

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