La izquierda y la revolución mexicana
Ignacio Pinacho
Ignacio Pinacho
A propósito de su 98 aniversario y a dos de sus festejos en ocasión de su centenario, corrientes políticas de diverso índole -particularmente de la izquierda- siguen viendo en la Revolución Mexicana una causa y bandera que sustenta sus acciones.
Desde finales de los años cincuenta del siglo pasado, la mayoría de grupos de izquierda independiente, como el Lombardismo y el propio PCM, se consideraban así mismos como el ala socialista de la gesta revolucionaria. Empero, posterior al gobierno de Lázaro Cárdenas, propiciada por los gobiernos llamados contrarrevolucionarios de Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán Valdés, la izquierda empezó a tomar distancia de “la familia revolucionaria”, buscando con ello un derrotero ideológico distinto al que mantuvieron durante la posrevolución. Como lo señala acertadamente Enrique Semo, con la crítica de la ideología de la revolución mexicana que seguía siendo a la vez dominante y oficial, la izquierda puso las bases para la construcción de una tradición y un proyecto claramente diferentes de los impulsados por los gobiernos del PRI. La izquierda independiente empezó a enarbolar una revolución socialista. (La izquierda mexicana en los albores del siglo XXI. Océano. 2003).
En la izquierda llamada revolucionaria, en oposición a la reformista, la crítica fue más radical, particularmente a raíz de la fuerte represión gubernamental al movimiento estudiantil de 1968. Lo paradójico de ambas corrientes de izquierda, es que treinta años después terminaron por abrazar nuevamente, como resultado de la fusión con el nacionalismo revolucionario del PRI (la Corriente Democrática), las banderas de la revolución mexicana: “Nuestra tradición funde y articula la firme oposición al saqueo imperialista y las luchas por la emancipación económica y la paz mundial con las de los nacionalistas comprometidos con el programa de la Revolución y en defensa de la soberanía nacional”(Documentos básicos aprobados por el Primer Congreso Nacional del PRD el 20 de noviembre de 1990).
Sin duda, el peso o la loza de “la ideología de la revolución” han marcado, en distintos momentos, la evolución de nuestras izquierdas. Ha sido, como dice José Woldenberg, un paraguas que ha arropado tanto a derechas como a izquierdas. (98 años. 20 nov. 08. Reforma). La discusión sigue presente y ronda como fantasma a la izquierda más representativa de nuestro país. A pesar de que el PRD se asumió, posteriormente, como un partido de izquierda y en su X Congreso como socialista, diversas expresiones y grupos continúan al tenor de discursos y prácticas políticas de la mitología revolucionaria.
Veneran a la Constitución Política como un dogma, cuando que sus pilares fundamentales que la sostienen han sido reformadas en distintos episodios legislativos. Pero la influencia mayor -que ha sido muy perniciosa para la izquierda- convertida en práctica cotidiana, es la “cultura” corporativa y clientelar heredada del viejo régimen autoritario. Porque “eso que llamamos Revolución Mexicana es de matriz, corporativa, poco liberal y poco democrática. (Que, además) Tiene un trasfondo demagógico y populista que apenas puede ocultarse.” (Cuentos de la Revolución. 20 nov. 08. Milenio). Mientras estos rasgos sigan influyendo en el bagaje ideológico y práctico de la izquierda, serán otras las corrientes políticas contemporáneas y modernas que estarán en mejores condiciones de gobernar el país. El sustento ideológico de una nueva izquierda está en otro lado: en el socialismo liberal.
20 de noviembre de 2008
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