
La izquierda en México, ya se sabe, padece un divisionismo endémico. Desde la reforma política de 1979, las izquierdas de origen marxista-leninista se dedicaron a unificarse para optimizar el voto ciudadano, una vez que aceptaron jugar con las reglas de la “democracia burguesa”. La unificación no fue total: seguían por su lado el paraestatal Partido Socialista de los Trabajadores (del tristemente célebre Rafael Aguilar Talamantes, y de donde emergieron un buen número de los dirigentes chuchos, incluido Jesús Ortega) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (de corte trotskista y, por tanto, adversario de los partidos de origen estalinista).....
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