20 Diciembre 08

Entre una institución política sin liderazgo social y un liderazgo social sin institución política. Ésa es la encrucijada al día de hoy de las izquierdas en México.
Ha sido un año aciago para el PRD. Su elección de dirigencia, las tomas de tribuna en el Congreso, el rechazo del lopezobradorismo al fallo del Tribunal Electoral. En elecciones perdieron hasta Acapulco, una de las pocas joyas de su corona. Sus gobernadores, unos emblemáticos como Leonel Godoy y otros, perredistas de última hora, como Jaime Sabines, acabaron alineados, todos, al gobierno de Felipe Calderón. Se aprobó la reforma energética que pretendía AMLO, esto es, la no reforma y convirtió públicamente su triunfo en un fracaso y en una traición de la mayoría de sus legisladores. Las encuestas, aquellas que le son más favorables lo ubican en alrededor de 20% de las preferencias, 14 puntos porcentuales debajo de lo alcanzado en 2006.
A través de los años, López Obrador ha destruido cualquier liderazgo visible en el PRD que constituyese para la izquierda ya no digamos una alternativa, sino un complemento. Relegó a Cuauhtémoc Cárdenas, acabó con Rosario Robles, se rodeó en la campaña del 2006 de ex priistas que no le dicen nada a la izquierda mexicana, como Leonel Cota y Manuel Camacho. Ese ejercicio destructivo no es mérito exclusivo de Andrés Manuel. Requiere de una base social de apoyo, que la ha tenido, cuya vocación es —y eso lo ha expresado muy bien AMLO— mandar al diablo a las instituciones. Pero para encabezar eso se requiere carisma, capacidad de conducción de movimientos emergentes y pocas ataduras de carácter institucional y procesal. El saldo de su obra es que cuenta con un movimiento social sin que pueda ofrecerle a sus liderazgos intermedios lo que necesitaría para institucionalizarse, que son candidaturas. Eso es lo que pueden ofrecerle Convergencia y PT.
Decía un dirigente de Convergencia que el proyecto de su partido es llevarse al lopezobradorismo sin López Obrador. Ya están en marcha. La interrogante no es si se van a llevar esos liderazgos intermedios; lo pueden hacer con éxito, llámese como se llame finalmente la coalición del Frente Amplio Progresista. La duda es qué tanto pueden arrastrar de la masa electoral del movimiento y hacerla efectiva el 5 de julio. ¿Representan algo para la izquierda mexicana Dante Delgado, entenado de Fernando Gutiérrez Barrios y ex convicto; Luis Maldonado, ex secretario general adjunto del PRI; Pedro Jiménez León, ex presidente del Congreso priista de Roberto Madrazo en Tabasco? Hay que reconocer que desde antes de su alianza con López Obrador, Convergencia sí tenía segmentos electorales de importancia en estados como Veracruz, Oaxaca, Puebla, segmentos que ahora le van a disputar su votación no al PRI ni al PAN, sino al PRD. Y pueden arrebatarle en 2009 una cantidad de votos que no es marginal.
Por su parte, el PT no es una amenaza para el PRD como sí lo es Convergencia, aunque como en el caso de este último, cabe preguntarse qué le dicen a las izquierdas de México un personaje y una organización hechuras de Raúl Salinas.
La elección del 2009 se puede visualizar en dos planos: uno, con el PAN y el PRI disputando la mayoría en la Cámara de Diputados, y otro, alejado de ese primer plano, con el PRD y el lopezobradorismo canibalizándose entre sí.
Pero los problemas del PRD no sólo son los adversarios de las otras izquierdas. Las dificultades del PRD pasan por las dificultades para diferenciarse electoralmente de otras opciones. Convergencia y PT se van a colgar de AMLO, lo que en sí mismo les genera legitimidad y los certifica de origen como izquierda auténtica. ¿El PRD va a jugar a ser socialdemócrata? Para eso, en medio de la crisis económica del próximo año, Beatriz Paredes y el PRI se pintan solos. Además, a diferencia del PRD, los gobiernos del PRI ofrecen resultados, no los del PRD, a excepción hecha de los claroscuros de Marcelo Ebrard, otro adversario a mediano plazo en la mira de AMLO.
En el lado institucional de la izquierda, el de una oposición leal, no hay carisma, programa, biografías genuinas de izquierda en sus principales liderazgos; hay nada más eso, institucionalidad, que va desde el respeto a la ley hasta candidaturas y prerrogativas. El liderazgo social y la estrechez de recursos están en la acera de enfrente. Qué panorama.
Publicado en Milenio
No hay comentarios:
Publicar un comentario