3 ene 2009

El año que comienza

El año que comienza
3 Enero 09

Varios son los retos que habrá que enfrentar en este 2009. Pero parece haber poco espacio para el optimismo si se consideran los augurios y, sobre todo, la forma de terminar el año que se va: con violencia, con guerra. Es imposible abrigar cierta esperanza si el mundo entero ve cómo se masacra a la población civil de la franja de Gaza y no logra contener tan artera matanza orquestada bajo el pretexto de que el movimiento islamista Hamas lanzó cohetes sobre Israel (¿algún parecido con el argumento de las armas químicas no encontradas y que supuestamente estaban en manos de Sadam Husein para justificar la guerra contra Irak?). Ni las tibias recomendaciones de la ONU ni la postura del poderoso grupo denominado el Cuarteto para Oriente Medio (Naciones Unidas, Unión Europea, Rusia y Estados Unidos) ha detenido el afán guerrero del primer ministro Ehud Olmert y arrancado una tregua que permita el ingreso de la ayuda humanitaria a Gaza y la apertura de pláticas para darle paso a la paz. La ilusión tampoco abraza este año que comienza si se considera que la aldea global observa con cierta pasividad que un hombre, hasta hace pocos días desconocido y hoy de fama mundial (Muntadar al-Zeidi), será juzgado por lanzarle sus zapatos a Bush, cuando debiera ser este último el que enfrente a los tribunales y el juicio internacional por genocidio, por la muerte de cientos de miles de inocentes (muchos de ellos sus propios compatriotas) y porque sus decisiones en materia económica (que cobijaron intereses malsanos y desmedidos) han llevado a una crisis mundial como la que se está viviendo. Con pocas expectativas se inicia también aquí, en México, dado los pronósticos en materia económica y la situación de inseguridad y violencia que vive el país de manera cotidiana. De ello da cuenta una encuesta del grupo Reforma: 35% por ciento de los entrevistados considera que 2009 le pinta como un mal año, y 34% como regular. En el mismo ejercicio, 62% por ciento responde que las elecciones no serán confiables, lo que demuestra la falta de credibilidad en la política y en las propias instituciones.

Menos certeza y seguridad se puede sentir cuando se observa la frivolidad con la que ahora se enfrenta la tarea pública. Las estrategias están centradas en alcanzar los mayores rangos de popularidad en lugar de responder a lo que verdaderamente necesita México. Porque se puede ser muy famoso (gracias a la magia de la televisión) y no estar preparado para enfrentar los retos que se avecinan y que se antojan difíciles. Porque se ha perdido de vista la importancia del proyecto nacional para sustituirlo por las características personales. Porque se manipulan sentimientos y emociones y no se deja espacio para las ideas y las visiones de Estado, porque se ha asumido sin discusión alguna que se debe gobernar para los medios en lugar de gobernar con los medios. Más incertidumbre si se considera que a cincuenta años de la revolución cubana, a veinte del movimiento que permitió la fundación del PRD y a quince del levantamiento zapatista, hoy la izquierda está sumergida en una profunda crisis e incapacidad para asumir una identidad comprometida con los sentimientos de la nación. Pero desde algún espacio o trinchera tiene que renacer la esperanza. Millones en el mundo entero tendremos que comprometer nuestra decisión para ponerle un alto a la guerra y a la violencia venga de donde venga. En el país, es tiempo de reconstruir la política y la confianza ciudadana. Es el momento de acreditar los verdaderos liderazgos, los que son profundos, los que sienten en carne propia la incertidumbre de la inmensa mayoría de los mexicanos, los que son capaces de establecer una sana distancia con relación al canto de las sirenas tan propio de las cadenas televisoras, los que saben que gobernar es otra cosa, los que piensan que se requiere mucho, pero mucho más para llevar a este país a un buen puerto, para tomar sus riendas y recuperar su historia, su grandeza. No le haría nada mal a la clase política recordar lo que los indígenas alzados nos enseñaron un 1 de enero hace justamente una década y media: el que manda obedece, si es verdadero. Y el que obedece manda por el corazón común de los hombres y mujeres verdaderos… Así de simple.

Publicado en Milenio

No hay comentarios:

En defensa del Estado Laico y la diversidad social

Enrique Krauze. La izquierda mexicana