Joel Ortega Juárez
3 Enero 2009
No tenían más armas que la aurora. Iban desnudos como si nacieran. Enero de 1959, Fulgencio Batista huye de La Habana rumbo a Miami. La escena se recrea una y mil veces, en El Nacional se celebra el fin de año. Fiesta rumbosa y rumbera que se interrumpe por la llegada de los barbudos. Todo como de película. Cae la tiranía. Triunfan los románticos luchadores por la democracia.
Todo el continente se sacude. La oratoria de Fidel nos embruja. Voy bien Camilo, es todo un estilo de dialogar con el pueblo. Cualquier anti, anticristianismo, anticomunismo o cualquier cosa que tienda a dividir es contrarrevolucionaria.
Todos vibramos con Fidel. La revolución triunfó.
Ahora sólo falta decisión.
Las condiciones objetivas están dadas, las subjetivas las puede crear un foco revolucionario. Miles de jóvenes se enrolan en las filas del castrismo en toda América Latina. Las acciones de audacia, entrega y valentía se multiplican en todo el continente. El deber de todo revolucionario es hacer la revolución.
Carlos Puebla canta: la reforma agraria va, de todas maneras va. Las Brigadas Conrado Benítez alfabetizan a cientos de miles en tiempo récord.
Playa Girón se convierte en la primera gran derrota del imperialismo.
Ahora los que mueran, morirán como los de Cuba, los de Playa Girón, por su única y verdadera independencia. Las guerrillas brotan por todas partes: Guatemala, Colombia, Venezuela, Dominicana, Perú, Uruguay, Brasil y por fin Bolivia. El comandante Guevara vuelve a sentir bajos sus piernas el galopar de Rocinante.
La aventura termina. Miles de jóvenes mueren en la Odisea. Nadie asume ninguna responsabilidad. En todo caso se trata de la cuota revolucionaria.
Cuba, territorio libre de América, recibe millonarias ayudas de la URSS. Puerto Rico recibe también las mismas dosis de los gringos. Todo lo justifica la feroz guerra fría.
Se cae el muro.
Cuba resiste. Se implanta el periodo especial.
Se producen, antes y después, el Mariel y todo tipo de fugas de lancheros.
El anciano Castro (asesino de Fidel) cede su cargo a su hermano Raúl.
La revolución devora a sus propios hijos.
Decenas de disidentes son encarcelados por el delito de pensar y divulgar ese pensamiento a través del imperialista instrumento de la internet.
No importa. La revolución es eterna.
Chávez, Ortega, y los que se acumulen, relevan al comandante en jefe.
Medio siglo de sueños libertarios, convertidos en tiránica pesadilla.
La historia no termina, aún.
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