11-05-10
El 21 aniversario del PRD, el partido más grande de la izquierda electoral mexicana, obliga a un balance de la situación actual de esta corriente de pensamiento y acción política, y a una reflexión sobre su futuro inmediato.
La izquierda mexicana no está en su mejor momento ni en su mejor forma. En términos sociales, la crisis económica ha provocado un conservadurismo ciudadano que hace ver con recelo y escaso ánimo social cualquier propuesta de cambio planteada desde la izquierda. No es que el ciudadano mexicano sea conservador o de “derecha” por naturaleza, sino que ve con reserva una alternativa de cambio hacia el futuro. Sobre este sedimento social conservador o inercial se está fincando el regreso del PRI, que no tiene más virtud que el de la Puerta de Alcalá; es decir, quedarse estático viendo pasar el tiempo, mientras el país se decepciona de una democracia sin contenido social y económico, se harta de dos gobiernos sucesivos de derecha y se aleja de una izquierda que aún no tiene un plan de vuelo democrático definido.
En términos electorales, la izquierda vive una contracción. La explicación se encuentra, por un lado, en errores de estrategia propios, internos, como por ejemplo, dividirse y enfrentarse, proyectando una imagen de rijosidad, conflicto y división permanentes. Por el otro, a una embestida política del actual gobierno y de los poderes fácticos que, desde la elección presidencial de 2006, alentaron y siguen promoviendo el prejuicio de que la izquierda es un peligro para México.
¿Qué hacer frente a esta coyuntura adversa?
1. En el plano ideológico y programático, la izquierda mexicana necesita ubicarse preponderantemente en el centro-izquierda, con una ideología socialdemócrata (si usted busca una etiqueta conocida), que ponga énfasis en los conceptos de justicia, igualdad, democracia, derechos humanos, Estado y soberanía, por ejemplo, pero sin olvidar o demeritar los conceptos de libertad, individuo, autoridad, estado de derecho, mercado y globalización.
2. En el plano socioeconómico, la izquierda mexicana debe acercarse y reinsertarse en tres grupos sociales estratégicos: las clases medias urbanas; los empresarios con intereses, inversiones y proyectos orientados al mercado productivo nacional; el sector de jóvenes universitarios y grupos académicos. En las elecciones de 2006, la pérdida de contacto de la izquierda con estos segmentos fue determinante en los resultados electorales, además, claro, de la embestida del gobierno federal y de los llamados “poderes fácticos”.
3. En el plano electoral y gubernamental, la izquierda debe “ser la diferencia”, tanto en sus formas de hacer campaña como en sus plataformas y programas de gobierno. En campañas, por ejemplo, debe considerar que es importante llenar las plazas públicas, pero más importante es llenar las urnas el día de la elección; debe privilegiar la propuesta y el debate de ideas, sobre los ataques y la descalificación. En los espacios donde es gobierno, a nivel estatal y municipal, la izquierda debe ser capaz de crear un grupo de políticas públicas eficientes, que realmente se traduzcan en beneficios concretos para la población, de tal manera que se note la diferencia con los estilos de los otros partidos. Con excepción del DF, donde existe desde 1997 un bloque de políticas públicas en materia de desarrollo social, que han marcado la pauta a otras entidades (como la pensión universal a adultos mayores y los programas de apoyo a madres solteras), en la mayor parte de los lugares donde actualmente gobierna la izquierda, termina haciendo lo mismo que el PAN o el PRI. Cuando la gente no percibe el cambio en los gobiernos de izquierda, termina regresando a las opciones tradicionales.
4. En el plano político interno, la izquierda electoral tiene dos tareas monumentales: por un lado, promover la unidad orgánica de sus diferentes expresiones, ser capaz de articular candidaturas de unidad, sin que ello implique la desaparición de las diversas expresiones. Para ello se requiere no sólo una izquierda democrática, sino ante todo demócratas de izquierda. Es decir, políticos de izquierda dispuestos a avanzar más allá de sus proyectos de grupo o tribu. La segunda tarea titánica es eliminar los vicios de las organizaciones que nacen en el ámbito social y luego incursionan en la vida política: hablamos del sectarismo, del clientelismo, del corporativismo y del burocratismo. Estos vicios terminan por alejar a las nacientes organizaciones de izquierda de sus bases sociales, y a las agrupaciones jóvenes terminan envejeciéndolas rápidamente.
Una vez concluido el “domingo electoral” del próximo 4 de julio, a la izquierda mexicana le espera una cirugía mayor y un ajuste de rumbo, si es que aún ambiciona estar presente en la reconducción y reconstrucción del país.
Publicado en Milenio

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