13 may 2010

Respuesta a Paquito D’Rivera

Eliseo Alberto

13-05-10

El músico Paquito D’Rivera ha hecho público este comentario sobre mi columna de la semana pasada:

Hace poco recibí con disgusto un artículo de Eliseo Alberto (Lichi para sus amigos), conmemorando la vida y la muerte de Roque Dalton, un poeta y guerrillero salvadoreño que con sus fogosos poemas y acciones trataba de “libretar” (léase llevar la libreta de racionamiento) a toda Latinoamérica. Pocas horas más tarde, me llega una petición de firma para una carta exigiéndole al nuevo presidente salvadoreño Mauricio Funes que destituya de no sé qué cargo en su gobierno a otro ex guerrillero llamado Jorge Meléndez, por el supuesto asesinato hace treinta y cinco años del mismísimo Roque Dalton. ¡Qué disparate! Lo que no comenta el hijo de Eliseo Diego en su escrito es que en aquellos días aciagos, mientras el salvadoreño escribía sus exacerbadas poesías de alabanza al marxismo, miles de cubanos, checos, coreanos, húngaros, alemanes, soviéticos y demás “libretados” del paraíso de los trabajadores morían en el paredón, en el GULAG, ahogados en el mar o acribillados al borde del muro de Berlín, huyendo del absurdo sistema político y económico que Dalton y sus secuaces querían imponer con sus poemas, peomas, problemas y arbitrariedades en todo el mundo. “En los setenta, Roque era el poeta mas simpático del mundo”, afirma Eliseo Alberto en su decepcionante artículo. Digamos, mi querido Lachil, que recuerdo muy bien aquel tiempo en que Glauber Rocha, Daniel Viglietti, Danny Rivera, Roque Dalton y otros turistas de revoluciones ajenas se iban de cumbancha, ebrios de ron, mulatas y socialismo tropical por las depauperadas calles de La Habana de los setenta. Y también hay que recordar que cuando Dalton, ya fuera de Cuba, recibe el balazo a traición de manos de su propia gentuza en el año 75, ya el Che Guevara llevaba (gracias a Dios y a la CIA) ocho años fuera de circulación, después de asesinar sin juicio a cientos de nuestros compatriotas en la fortaleza de La Cabaña, a nombre de la idiotez que tu poeta-comediante y otros payasos del mismo circo proclamaban como verdad absoluta. Pedro Luis Boitel había dado su vida en huelga de hambre en 1972, y casi todas las familias cubanas —entre ellas la mía— estaban ya divididas por la muerte, la lejanía, la prisión, la tortura y el pánico desde 1959. Año fatídico en que TU familia, mi querido Lichi, irresponsablemente se decidió a “escribir para esta gente”, como tú mismo cuentas en tu libro Informe contra mí mismo. ¿En qué quedamos Lichi? Tú sabes tan bien como yo que tanto el flamante presidente Funes como el tal señor Jorge Meléndez, supuesto asesino de Dalton, son todos hienas de la misma camada, como lo fue tu sosito Dalton, y como lo fueron en su día los que (felizmente) ajusticiaron a Madam Mao, a Beria y al miserable esbirro de José Abrantes en Cuba, y a quienes por lo menos hay que agradecer el haber sacado del camino a unos cuantos atorrantes; en este caso uno muy gracioso y artístico según tú, pero ni mejor ni peor que los demás.

Por otra parte, seguro que pocos, pero que muy pocos de los que me piden hoy firmar este carta en contra del pistolero Jorge Meléndez, firmaron la que hace poco se hizo en apoyo de Orlando Zapata, su madre y las valientes Damas de Blanco. De lo que sí vivo convencido es de que ni Meléndez, ni Funes, ni mucho menos Roque Dalton hubieran firmado jamás un documento como ese. Por lo tanto, que se maten entre ellos Lichi. Mejor. No te metas en esa bronca. Déjales eso a los furibundos chicos del Farabundo. ¿Es que no entiendes que a fin de cuentas, todos ellos no han sido más que cómplices de nuestra desgracia? ¿O es que aún te hace falta otro informe más contra ti mismo? Paquito D’Rivera.

Ésta es mi respuesta: Francisco de Jesús Rivera (Paquito D’Rivera para sus admiradores, entre los que me cuento) dice haberse disgustado al leer mi columna sobre Roque Dalton. A mí, por el contrario, me da pena su combativa réplica. En mi opinión, lo único que explica su torrente de improperios es que el saxofonista, clarinetista, director de orquesta, también escritor y novelista cubano, nunca ha leído los poemas de Roque ni conoce nada de su vida. Tampoco de su muerte. El hijo del genial concertista Tito D’Rivera aprovecha la oportunidad para cuestionar a mi familia y a mi persona. Está en su derecho. Y yo en el mío de ignorarlo. La estupidez es frágil. Prefiero escuchar de nuevo su disco The Jazz Chamber Trio, con el violonchelista Mark Summer y Alon Yav-nai, al piano. Las grabaciones de Paquito me han acompañado a lo largo de 7 mil noches de exilio —sin contar otras tantas en La Habana. Eso hago, mientras releo a Roque.

Publicado en Milenio

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