28 sept. 2010

AMLO no puede ganar

León Krauze

28-09-10

Es una pregunta recurrente: ¿buscará Andrés Manuel López Obrador la candidatura perredista —y de los demás partidos de izquierda— en 2012? El tema provoca sobremesas exquisitas. He escuchado intensos alegatos defendiendo ambos lados de la ecuación. Hay quien piensa que López Obrador reconocerá sus propios defectos y limitaciones y estará preparado para cederle el escenario a alguien que esté (AMLO dixit) “mejor posicionado”. Otros piensan que no, que López Obrador decidió que sería candidato en 2012 el mismo día que vio perdido el 2006. Me cuento entre estos últimos. Creo inverosímil que una figura política recorra el país y estructure pacientemente una amplia red de apoyo sólo para ceder ese activo a otro político. López Obrador ha estado en campaña desde hace cuatro años. En 2009 su rostro fue el único presente en todas las plazas del país, apareciendo en los afiches del Partido del Trabajo junto al del candidato en turno. Me consta que su voz ha estado en la radio desde hace años también. Por todo esto, dudo mucho que ahora decida detenerse o que pretenda heredar tamaño esfuerzo proselitista a otro, por más afín que éste sea (y nadie, ni Marcelo Ebrard, tiene un vínculo suficientemente fuerte con AMLO como para persuadirlo de realizar ese improbable ejercicio de generosidad). Yo estoy seguro: López Obrador irá, de nuevo, por la grande.

Y eso es una pena. No me refiero, que quede bien claro, a lo deseable o indeseable que sería una presidencia lopezobradorista. Eso habría que discutirlo en otro momento. Pienso, más bien, en las posibilidades reales de éxito de López Obrador como candidato presidencial. Hace poco más de un año, en este espacio, confesé mi desaliento por la falta de una izquierda moderna y pujante en México. Entonces aclaré que, de haber un candidato que enarbolara esos valores, votaría por él sin pensarlo dos veces. Hoy reafirmo esa convicción. Personalmente no me cabe duda: tras 70 años de PRI y 12 del PAN, es la hora de la izquierda. Por eso es que lamento que la izquierda mexicana tenga que arrastrar el peso que hoy representa Andrés Manuel López Obrador. Y lo lamento porque me parece que, contra lo que él y sus seguidores piensan, López Obrador perdería la elección de 2012.

Me explico. La carrera de un político depende básicamente de dos factores: el grado de reconocimiento y el grado de aprobación que tiene entre el electorado. Un político poco conocido que sufre de altos “negativos” puede salir avante. En una campaña siempre será posible convencer a la mayoría de que la minoría está equivocada. Pero un político muy conocido y poco querido no tiene futuro alguno. Ese era el caso, por ejemplo, de Hillary Clinton en 2008. Al Partido Demócrata le aterraba que la señora Clinton se convirtiera en su candidata presidencial: era conocida por 90 por ciento del electorado y alcanzaba un rechazo de 49 por ciento. Nadie con esos negativos puede ganar una elección. Ese es el caso de Andrés Manuel López Obrador. En casi todas las encuestas aparece como el candidato más conocido. Pero en la mayoría de los sondeos los negativos de AMLO son muy altos, a veces incluso superiores a 60 por ciento, todo esto cuando ni siquiera ha comenzado la previsible andanada de la campaña presidencial misma, que tiende a exacerbar, sobra decirlo, las percepciones negativas de los candidatos. La situación es tan compleja que varios analistas afines a la causa lopezobradorista han tenido que resaltar los porcentajes de quienes tienen una opinión “regular” del tabasqueño para imaginar que una victoria es aún posible. Creo que no lo es. Para ganar la elección presidencial, AMLO tendría que revertir las opiniones negativas de un inmenso porcentaje (en términos electorales) de la población. Para ello tendría que dejar de ser quien es y, más difícil aún, suavizar su discurso y talante para atraer votantes moderados. Y eso parece imposible.

Me da cierta esperanza presentir que, muy en el fondo, López Obrador sabe que no podría ganar. Por eso, como potencial votante de izquierda, espero que tenga la altura para asumir el desenlace de sus batallas y se una a un proyecto que tenga la posibilidad de consolidar en México un proyecto progresista y moderno. Nos hace mucha falta.

Publicado en Milenio

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