27 sept. 2010

Analfabetismo y PRID

Luis González de Alba
27-09-10

Lo señalan todas las encuestas en toda elección: a mayor analfabetismo de una región mexicana, mayor votación obtiene el PRI. Hay relación directa entre falta de cultura política e inclinación por las tesis del PRI: su nacionalismo con xenofobia, sus regalos en tiempo de elecciones, su visión premoderna, tutelar, precapitalista, antijuarista, antiliberal, proteccionista: esa oratoria del PRI cae en la buena tierra del clientelismo con papá gobierno al que nos acostumbró la Revolución. El natural heredero de esa relación enferma es el PRD surgido del PRI y de una izquierda que se tragó enteros los mitos de la Revolución y sus ruedas de molino. O sea, el PRID.

Al igual que las regiones de priismo sólido, los foros donde los lectores participan resultan dignos de estudio por expertos con menos flojera que yo: es notable en ellos una semejanza con las regiones adictas al PRI: presentan un desarrollo “desigual y combinado”, según expresión de una teoría exitosa en la izquierda entre 1965 y 80. Del desarrollo con atraso resultan ejemplo los venereadores de AMLO, que si bien sueltan bilis al menos rasponcito a su mesías, luego, sin mediar coherencia, expresan tesis creacionistas siguiendo los más gastados estribillos de sacristía, rechazan con violencia de regidora panista la igualdad de los homosexuales ante la ley, y apoyan con argumentos clericales la ley seca en fiestas patrias, aunque ya Rosario Robles probara en sus tiempos que la población del DF no necesita ser disciplinada por un gobierno autoritario que sabe lo que le conviene a sus gobernados.

Hace años, en los tiempos de las cartas a la redacción con nombre y datos, tuve una agria discusión con una regidora panista. Me parecía correcta la iniciativa municipal, del PAN, que planteaba revitalizar el centro de Guadalajara dando facilidades para cafés, restoranes y bares. Dije que los cafés deberían incluir la posibilidad de pedir un jerez con una tapa de jamón, una cerveza. La panista me dijo que si me quería destrampar ya sabía a dónde ir. Lo sé, respondí, y eso es lo que no quiero, sino entrar a un café y pedir un Tío Pepe y un trocito de queso en la barra, junto a la señora que bebe un té helado y el par de amigos con cervezas.

Este lunes, los argumentos a favor de la ley seca en el DF fueron de tono aún más ñoño que entonces. De Hija de María escandalizada por la posible borrachera de jóvenes celebrando el Grito, dije. El lector aludido respondió con recuerdos a las zonas del cuerpo y sus funciones que, afirmó, yo no acato. Lo cual, se ve, no era el tema ni venía al caso: era un simple y simplón insulto.

La relación analfabetismo-voto priista se reproduce en el hijo del PRI, el PRD, con su analfabetismo funcional. Porque es de analfabeta negar la evolución y la igualdad de derechos. Es de derecha aprobar la ley seca que impide la venta de alcoholes a adultos que celebran la Independencia. Asombra que llamen izquierda a eso, propio de cintas como Las señoritas Vivanco. Llaman “borrachín” al gobernador González Márquez, de quien se pueden señalar falta de visión para atraer inversiones, abandono de la industria productora de computadoras, imprevisión para atender el ya inmediato futuro de la computación cuántica, e incapacidad para hacer siquiera una carretera digna a Vallarta, pero sus tequilas… hasta caen bien.

El éxito del PRI pasa por alto que no nos dio sindicalismo, sino corporaciones atadas al gobierno; tampoco democracia, sino partido único y elecciones a cargo del gobierno; del PRI heredamos decenas de millones de pobres y un atraso criminal en educación, cúpulas sindicales hechas para el enriquecimiento y el ascenso político. El PRI, en suma, nos deformó al uncirnos a una relación perversa cliente-proveedor, nos indujo analfabetismo político según el cual somos niños que deben dejar los altos asuntos de la Patria en manos de políticos adultos. La rebelión del 2000 aún no la digieren.

El daño está hecho y se ve en lectores incapaces de distinguir los clásicos planteamientos de la derecha cuando se les ofrecen travestidos de izquierda. Sin ortografía ni menos sintaxis, vociferan posiciones que a la derecha ya avergüenzan. Es la escuela del PRI: hay buenos y malos, quien plantea opiniones que el lector no comparte es porque recibe soborno por engañar al pueblo, equivalente hoy de las “ideas exóticas” y “el oro de Moscú” de que nos acusaba hace 40 años el PRI. Son idénticos.

Mi revisión de la Historia de México: Las mentiras de mis maestros (Cal y Arena).

Publicado en Milenio

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