3 oct. 2010

Ebrard: buen candidato, mal partido

Néstor Ojeda
03-10-10

El jueves pasado, Marcelo Ebrard comenzó formalmente su campaña en pos de la Presidencia de la República; de eso se trató la presentación de la Fundación Equidad y Progreso, que preside René Cervera.

En el acto realizado en el Museo Casa de la Bola fue posible observar los soportes sobre los que el hoy jefe de Gobierno del Distrito Federal pretende construir su candidatura: Dante Delgado y Convergencia por la Democracia y Nueva Izquierda, la corriente que en la actualidad controla la dirigencia nacional del Partido de la Revolución Democrática.

Cualquiera diría que arrancar una precampaña con el apoyo de dos de los tres partidos identificados como de izquierda garantiza a Ebrard la postulación y una plataforma altamente competitiva para entrar a la disputa electoral de 2012, pero las cosas no serán tan fáciles.

A pesar de sus nulas posibilidades de triunfo en los próximos comicios federales, Andrés Manuel López Obrador se irá por la libre utilizando el membrete del Partido del Trabajo para satisfacer su obsesión por una segunda candidatura presidencial y por cumplir el sueño de hacer de Palacio Nacional su casa por seis años.

Así, El Peje y sus seguidores bejaranistas, adelitos, cívicos y anexas darán al traste con la unidad de las fuerzas ubicadas en la izquierda de la geografía política mexicana y harán todo por reventar a Ebrard, al PRD y a Convergencia.

Lástima. A pesar de algunos lamentables reflejos populistas, Marcelo Ebrard es un político profesional joven y moderno, formado para gobernar y con talento suficiente para llegar a Los Pinos y construir un proyecto nacional; todo lo contrario de AMLO, quien es ejemplo del líder carismático, ignorante, autoritario, polarizador y destructivo.

Sería en extremo interesante observar en 2012 una confrontación político-electoral entre Enrique Peña Nieto y Marcelo Ebrard (en el PAN por ahora no hay de quién hablar), sin el ruido de los sermones doctrinarios del Peje, lo que por desgracia no veremos porque López Obrador faltó a su palabra y traicionó el acuerdo de que el candidato de la izquierda sería el mejor posicionado en las encuestas, por el simple hecho de que se trata de Ebrard.

Publicado en Milenio

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