8 oct. 2010

El oportunismo de hoy

Pablo Gómez

08-10-10

El oportunismo político consiste en asimilar la circunstancia en demérito del programa propio. Así, lo que se hace en cada momento carece de relación con los objetivos proclamados y con lo que hay que hacer en general. La circunstancia deja de ser tal y se convierte en el pretexto para olvidar lo que se dice querer y sustituir lo que se dice ser.

Jesús Ortega me responde (MILENIO Diario, 5-10-2010) con ausencia de argumentos para tratar de justificar su alianza con el PAN. Afirma que derechas e izquierdas han hecho alianzas, lo que no está a discusión. Lo que se debate es la alianza del PRD con el PAN, hoy y aquí. Mas Ortega intenta un pretexto, escribe: “…en México se interrumpió el proceso de cambio hacia la democracia y por el contrario experimentamos un grave retroceso hacia formas de gobierno más autoritarias aún que las del viejo régimen”. ¿Quién interrumpió tal proceso de cambio? Ortega responde: el PRI, con sus gobernadores. ¿Qué ocurre con el partido que ha estado en el poder durante los últimos diez años? Ortega lo calla aunque no podría decir que lo ignora. El punto es que él trata de justificar su alianza con Calderón culpando de todo al PRI, lo cual podría admitirse si no fuera porque su argumento pretende exculpar de todo al PAN, el aliado. Se oculta que el proyecto de Calderón es la instauración de un Estado de policía en detrimento de lo poco de Estado de libertades que existe en México. Se oculta que el proyecto de reforma política de Calderón se dirige a suprimir el pluripartidismo para instaurar el bipartidismo, la legislación por decreto presidencial y, otra vez, el sometimiento del Congreso. ¿Cuál punto de la iniciativa política de Calderón podría ser admitido por el PRD? Ninguno, con excepción de las candidaturas independientes.

No es necesario hablar de la política económica, porque en ese terreno la situación es mucho peor.

El oportunismo es también una adoración del poder; es tomar parte del acuerdo sin importar el contenido de lo acordado. Un partido que no sabe estar en la oposición no podrá jamás llegar al poder, pues nunca se conocerá qué cosa es lo que critica y qué cosa es lo que propone para superar el estado de cosas.

Ortega presenta el recuento de ediles y diputados que ha “conquistado” el PRD mediante sus alianzas con el PAN (“el primer diputado uninominal en Sinaloa”, ¡oh!), pero no explica porqué tales ridículas conquistas no hubieran sido posibles sin Acción Nacional. ¡Qué pobre político (en sentido intelectual) es aquel que no puede hacer la cuenta de sus éxitos sino como consecuencia de las alianzas con sus propios adversarios! Así es Jesús Ortega, quien desprecia la lucha política como algo distinto a la maniobra y el contubernio. ¿Cuál es la propuesta política de esa dirección del PRD? Ninguna como no sea la de renunciar a la crítica de su aliado, el gobierno panista, responsable principal de la desastrosa situación del país.

Antes, las alianzas con el PAN —en la oposición— para tratar de remontar el viejo régimen priista fueron un desastre. Jamás funcionaron a pesar de sus buenos propósitos. Las de hoy son peores porque son oportunistas y se hacen con el poder: mucho menos servirán a la causa de la democracia.

El PAN parecía partidario de la democracia, pero cuando llegó al gobierno demostró que no lo era. Por ello, hoy, las alianzas más trascendentes no son entre el PAN y el PRD, sino entre el PAN y el PRI con las cuales se aplican políticas que benefician a una oligarquía rapaz que oprime al país y que se expresa en estos dos partidos. Calderón lo admite al decir que sus alianzas con el PRD le complican la acción de gobierno, es decir, sus acuerdos con el PRI, en los cuales se ha sostenido. Hoy, Ortega no está en la oposición y hace la política de la derecha panista con la bandera de detener a la derecha priista, pero no impulsa una política de izquierda. El PRD no se merece esta suerte tan indeseable como impuesta. He aquí la discrepancia fundamental.

Publicado en Milenio

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