28 feb. 2011

Izquierda…

José Antonio Álvarez Lima

28-02-11

Antes de la Revolución Francesa (1789) no existían los conceptos políticos de izquierda o derecha. Fue el sitio donde decidieron sentarse los asambleístas revolucionarios lo que originó tales términos.

A la izquierda de la tribuna se agruparon los legisladores radicales que buscaban instaurar un orden nuevo. En el centro se reunieron quienes sólo deseaban limitar las facultades del monarca. A la derecha quedaron aquellos que se sentían cómodos con la monarquía y la desigualdad.

Los grandes revolucionarios, Mirabeau, Danton y otros, lograron para su causa acuerdos y procedimientos que definieron desde entonces a la izquierda: declaración universal de los derechos del hombre; supresión de la monarquía e instauración de la república; exaltación de la soberanía popular y, fundación de una nueva forma de interpretar el universo, basada en la razón; pero también aparecieron los excesos, guillotina para el rey y la reina; terror para los disidentes y dictadura de Robespierre.

Desde entonces la lucha de la izquierda ha sido la gesta valiente, imaginativa, sangrienta y contradictoria en busca del sueño por la justicia y la igualdad. Muchos logros de la humanidad sólo se explican por la teoría y la práctica de la izquierda. Desafortunadamente también, en la búsqueda de la utopía, la izquierda ha sido cómplice de autoritarismos criminales. Así, en la sorprendente marcha de la sociedad, con sus deslumbrantes éxitos y terribles fracasos, la izquierda comparte la responsabilidad de lo ocurrido junto con todos los demás.

Después de su origen republicano francés, la izquierda universal ha sido anarquista, socialista, marxista, leninista, socialdemócrata, estalinista, trostkista, maoísta, eurocomunista, castrista, foquista, indigenista, chavista…

La izquierda mexicana por su parte ha sido, independentista, federalista, laicista, juarista, zapatista, cardenista, comunista, lombardista, vallejista, revueltista, cuauhtemista, marquista… Y hoy, frente a 2012 parece agruparse como lopista o marcelista.

Pero la izquierda en general y la izquierda mexicana en particular le debe una explicación a la ciudadanía: ¿a qué se refieren exactamente algunos de sus dirigentes cuando hablan de principios y de convicciones?

¿Será que sostienen los principios clásicos del materialismo dialéctico y el histórico? ¿O tendrán la convicción de la lucha de clases como motor de la historia? ¿O tal vez practiquen el centralismo democrático y quieran la dictadura del proletariado? ¿Quizá sostendrán que la violencia es la partera de la historia? ¿O que la religión es el opio de los pueblos?

¿Qué mueran los gachupines y viva la Virgen de Guadalupe? ¿Qué el respeto al derecho ajeno es la paz? ¿O tal vez que el sufragio sea efectivo y permanezca vigente la no reelección? ¿O que por la raza hablará el espíritu?

Ante la desinformación generalizada, quizá a la izquierda le convendría difundir, en fórmulas accesibles y atractivas, cuales son los principios que sostiene ahora, y cómo y con qué va a lograr las metas que pretende.

¿O estaremos condenados a escoger, entre la mercadotecnia de sonrisas falsas y mensajes huecos por un lado, y los aburridos discursos paranoicos y las mantas resentidas por el otro?

Ante este triste dilema nos parece que la izquierda está obligada a ofrecer un poco más.

Publicado en Milenio

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