20 jul 2008

Definir a la izquierda


Mauricio Merino
20-feb.-08

Hoy habrá un debate entre los cuatro candidatos a presidir el Partido de la Revolución Democrática. Sin embargo, y a pesar de la seriedad con la que Alfonso Ramírez Cuéllar y Camilo Valenzuela participen en este proceso, todo indica que la verdadera disputa por el control de la dirigencia de ese partido es la que librarán Alejandro Encinas y Jesús Ortega. Y para ambos, el mayor desafío tras las elecciones internas del 16 de marzo será mantener la unidad política. Una tarea que, entre las filas libérrimas de las fracciones del PRD, parece casi imposible.

El PRD nació del agravio con los procesos electorales. Desde un principio, su sello más importante de identidad y cohesión ha estado en el rechazo a las malas artes electorales de toda índole, que le han impedido llegar a la Presidencia de la República en dos ocasiones. De ahí que sus líderes políticos más importantes hayan sido, a la vez, sus dos candidatos a la Presidencia de República: Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, el primero logró conducir el fraude de 1988 hacia la construcción del partido político más importante en la historia de las izquierdas en México y apuntalar la transición democrática del país, mientras que el segundo ha optado por desafiar la vigencia de las instituciones políticas recién construidas con tal de mantener vivo el agravio de 2006. El primero quiso y pudo sumar a muy distintas corrientes políticas en busca de un propósito compartido, mientras que el segundo ha apostado por descalificar cualquier posición o cualquier idea que, aun cercana, contradiga sus puntos de vista. Cárdenas le dio perspectiva y largo aliento al partido de las izquierdas, mientras que López Obrador se ha investido como el líder de un movimiento social que depende de sí mismo.

No sólo son dos proyectos políticos diferentes sino que, además, son incompatibles. Si bien ambos forman parte legítima de la historia del PRD y comparten, sin duda, su oposición a la ideología de derecha y su compromiso con la igualdad social, los separa en cambio la perspectiva que cada uno le ofrece al partido y a los militantes de las izquierdas.

En buena medida, será como elegir entre la trayectoria que llevó al PRD a ocupar el segundo lugar de las preferencias electorales en todo el país o volver a 1989, cuando el futuro de todo ese movimiento se puso en las manos de un solo líder. La primera opción fue incluyente y consiguió reunir bajo las siglas de ese partido a un amplio abanico de banderas y propuestas políticas. La segunda ha sido intransigente por convicción e intolerante en la acción práctica: nada ni nadie que se atreva a disentir de ella, así sea en los matices, le resulta aceptable.

Durante el debate que tendrá lugar el día de hoy, es probable que esa diferencia de fondo se diluya en la búsqueda de los votos prometidos al adversario: Jesús Ortega negará cualquier posibilidad de acercamiento con el gobierno de Calderón y Alejandro Encinas defenderá la fuerza de las posiciones institucionales ganadas por el PRD en los comicios. Es previsible que los dos se muevan hacia el centro que ofrece el mayor número de votos posible. Pero la verdad es que la sombra de los dos únicos líderes que ha tenido ese partido hasta ahora, Cárdenas y López Obrador, estará detrás de los discursos que se confrontarán durante el debate.

Volver a la ruta de la construcción democrática y aprovechar la fuerza de los puestos ganados por el PRD en los poderes legislativos y en los gobiernos locales, a pesar de la derrota tramposa en la contienda por la Presidencia de la República, ha sido el eje de la propuesta planteada por Jesús Ortega y sus partidarios.

Vista con cuidado, esa lógica que defiende también la socialdemocracia como alternativa viable para el país no sólo amenaza la vigencia del movimiento encabezado por López Obrador, sino que además representaría un desafío para el PRI, que ha sabido ocupar con maestría cada uno de los rincones abandonados por el segundo partido más importante de México, para negociar las decisiones más relevantes que se han tomado desde que López Obrador mandó al diablo a las instituciones políticas. Que el PRD vuelva a la mesa de la construcción democrática, que invoque y utilice sus posiciones electorales ganadas a pulso, y que reivindique las banderas socialdemócratas que le pertenecen de manera legítima, no sería una buena noticia para los dirigentes del PRI.

Por su parte, Alejandro Encinas ha ofrecido mantener el statu quo del partido, con el aval y el respaldo explícito de su líder moral. Es decir, el equilibrio difícil entre corrientes adversas, que se mantiene unido por la dinámica del agravio, pero que una y otra vez, desde la ocupación del Paseo de la Reforma al cabo de los comicios de 2006 y hasta las últimas decisiones tomadas en la integración del Consejo General del IFE, ha revelado una inevitable contradicción entre la ruptura y la participación institucional, sin que ninguna de las dos opciones acabe de imponerse del todo y acumulando saldos negativos a cada paso.

Una propuesta política que, además, no alcanza todavía a delinear una ideología clara, situada a medio camino entre el nacionalismo revolucionario que fue del PRI, el socialismo liberal y el comunitarismo.

Lo peor que podría suceder, en cualquier caso, es que la contienda interna del PRD no se resuelva tanto a la luz de una reflexión colectiva y sensata, en la que sus militantes decidan con libertad a cuál de las tendencias acuñadas por sus dos candidatos a la Presidencia de la República quieren sumarse, cuanto a través de las malas artes, las mentiras y la compra de votos que ellos mismos han padecido y denunciado sistemáticamente. Pero que también saben emplear. Que sus gobiernos tengan que suspender los programas sociales para evitar que sean utilizados con fines electorales es ya una mala señal, que se desprende además de las denuncias que corren por todos lados.

El destino del PRD no debería resolverse comprando votos. En ese caso, el debate sería una farsa totalmente inútil.

Publicado en el Universal

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