20 jul 2008

Tiempos de definición para el PRD

Tiempos de definición para el PRD
René Arce Islas
12-12-07

El Partido de la Revolución Democrática se encuentra en un proceso de definición. Está a unos meses de que se realice la renovación de la dirigencia nacional; este acontecimiento cobra singular importancia pues con él se juega la transformación o la continuidad de lo que hoy es el partido. Propios y extraños han señalado con insistencia que el PRD se encuentra en una crisis. Al interior del PRD se expandió la sensación del utilitarismo, los militantes dejaron de sentirse incluidos porque ya no eran tomados en cuenta. Los principios éticos y democráticos que le dieron origen al PRD dejaron de aplicarse.

Esta es una de las razones por las que el partido necesita una transformación, una refundación. A lo largo de ya varios años, al PRD lo han catalogado como un partido reactivo, conflictivo, dividido, rijoso, sin proyecto; ello ha mermado la credibilidad y confianza en la institución política de izquierda más importante del país; se ha privilegiado el enfrentamiento y, por ende, perdido la visión de lo que el partido necesita. El PRD requiere cambiar la imagen, apegarse a lo que establecen sus documentos básicos y hacer saber a la ciudadanía que sí cuenta con un proyecto que aplica día a día, desde cualquiera de sus ámbitos de injerencia. El PRD, como partido de izquierda, tiene la responsabilidad de propiciar la acción social, colectiva, incluyente, porque el individualismo y el culto a la personalidad, son posturas de la derecha más intransigente, que bajo ninguna circunstancia se pueden adoptar en una institución política como el PRD.

Es necesario no perder de vista que si el PRD pretende encabezar las transformaciones sociales y económicas que demanda el país, lo debe hacer a través de la acción colectiva. La sociedad, organizada, puede convertirse en un gran ejército capaz de lograr las transformaciones por la vía democrática; sin embargo, cuando no se organiza a la ciudadanía y se confía todo al poder de convocatoria de un liderazgo, en lugar de contar con un ejército, éste se puede convertir en una masa desorganizada que sólo reacciona. Lo anterior no quiere decir que los liderazgos no sean importantes, pero los propósitos individuales no pueden contar más que los colectivos. Los cambios que el país necesita no los puede lograr una sola persona, por ello resulta indispensable y urgente la inclusión activa y decidida de la sociedad en general.

El PRD tiene ante sí un gran reto: su refundación. Sin embargo, ésta tampoco depende de un individuo, un grupo o una corriente. Este proceso tendrá éxito en la medida en que se asuma como una tarea de todos y cada uno de sus militantes, en la medida en que se supere el conflicto y se deje de ver a las distintas expresiones como los enemigos irreconciliables. Hoy más que nunca, el PRD necesita superar sus conflictos internos, verse como una verdadera organización, que si bien puede tener diferencias privilegia la unidad, y ello se podrá lograr en buena medida con la aplicación y respeto a los documentos básicos del partido.

Si se quiere recobrar la confianza de los ciudadanos es tiempo de pasar de las buenas intenciones a los hechos. Hoy el PRD necesita estar unificado, firme, con propuestas, con un proyecto viable basado en la igualdad, la equidad y la justicia social y que propone soluciones democráticas a los graves problemas que el país enfrenta. La reconstrucción del PRD es un hecho inevitable para sacarlo del letargo. Avances importantes se lograron a mediados de año tras la realización del X Congreso Nacional. Ahora es tiempo de poner en práctica y consolidar las propuestas y los buenos deseos que ahí se expresaron. La ciudadanía no espera y el PRD puede aún recomponer la situación, salir de esa crisis que ha mermado su crecimiento como partido de izquierda democrático. Estamos a tiempo de lograr que el PRD vuelva a posicionarse nacionalmente. Con la renovación de la dirigencia nacional están en juego dos proyectos: la continuidad o la reconstrucción del partido. En manos de todos los militantes estará la responsabilidad del proceso, mientras que la sociedad observa y espera que nos comportemos a la altura.

Publicado en la Crónica

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