20 jul 2008

PRD: hora decisiva
Manuel Camacho Solís
03-03-08

La elección interna del PRD es hoy el asunto más importante para el régimen político. Sabe que es la vía para la hegemonía de la derecha. El régimen, complaciente, espera. Observa que las fuerzas internas se enfrentan al punto de una colisión final. Alienta las ambiciones y el protagonismo de algunos líderes. A través de sus voceros informales, sermonea sobre lo que es bueno y conveniente para la izquierda. En tal ambiente de enfrentamientos y confusión, prepara las exequias políticas del PRD y del FAP.

La derecha sabe lo que quiere. Sabe que, dividida, la izquierda no podría competir en 2012. Que si el movimiento opositor se desborda, se volvería vulnerable y reduciría su potencial electoral. Sabe cómo manejar los medios para generar confusión. Cómo capitalizar los errores, como el de la Catedral y las agresiones a los coordinadores parlamentarios. La izquierda, en cambio, no aprende de sus errores; minimiza a sus adversarios y los une.

Mientras la derecha actúa, la izquierda está metida en una auténtica “marcha de la tontería”. Se ha desatado una lucha excluyente por la dirección del PRD. Un asunto de definición de liderazgos, se ha convertido en una guerra santa. Se ha caído en el juego de la derecha: unos aparecen y son presentados como entreguistas; los otros, como intransigentes y potencialmente violentos.

En diversos momentos se ha dejado ir la oportunidad de una negociación interna seria entre los principales líderes del PRD para que, cualquiera que sea el desenlace: quien gane, sea reconocido; y quien pierda, se sienta seguro.

Si después del 16 de marzo, la izquierda del PRD y del Frente Amplio se dividen, no volverán a ganar ni a competir en una elección nacional. Pondrán en riesgo sus triunfos actuales, e incluso debilitarían a sus principales bases de apoyo. Dividida, la izquierda, no será capaz de frenar la iniciativa privatizadora de Felipe Calderón, más que a un altísimo costo para sí misma.

No hace falta mucha imaginación para anticipar qué ocurriría, si el 16 de marzo se desata la guerra intestina. Ahí se dará el banderazo a la privatización. Ahí se preparará el capítulo final del liderazgo de AMLO quien, en la defensa de sus principios, terminaría como líder testimonial o insurreccional. Ahí se estaría cerrando aún más el régimen, sin que nadie pudiera impedirlo. Es demasiado alto el costo de “la marcha de la tontería”. Nadie, dentro de la izquierda o las fuerzas progresistas, estaría en posibilidad de ganar.

Tienen razón quienes dicen que el país se debate entre: democracia o autoritarismo; o incluso, sin exagerar, fascismo. Pero el dilema no es para la izquierda; lo es para todas las fuerzas políticas. ¿Puede la derecha, después del desafuero y de la inequidad de 2006, dar sermones de democracia? ¿Podría la izquierda convencer de sus convicciones democráticas, si no es capaz de llegar a acuerdos internos y si ensucia su propia elección?

La izquierda no debiera dejarse atrapar. AMLO y sus seguidores actuales (una quinta parte del país), son indispensables para la izquierda y la estabilidad política nacional. Los moderados son indispensables para hacer política y ganar elecciones. Por las condiciones que hoy vive el país, la izquierda cometería un grave error si se desmoviliza, pero también si desborda al orden público o mina sus posibilidades de triunfo electoral. La pretensión excluyente no sólo es antidemocrática; es una desproporción.

La izquierda —unida y democrática— tiene un futuro esperanzador. Con visión y astucia tiene que remover las piedras que le han sembrado en su camino y que, a diario, se pone ella misma. El 16 de marzo debe reconocerse a quien gane. El 18, refrendar la unidad sobre el petróleo y frenar la iniciativa de Calderón con movilización y mucha política. De ahí, con ese triunfo, ir a competir en 2009, con un programa incluyente y una buena dosis de candidatos moderados. Frente a “la marcha de la tontería”, debieran imperar el sentido común y una responsabilidad compartida en la toma de decisiones.

Publicado en el Universal

No hay comentarios:

En defensa del Estado Laico y la diversidad social

Enrique Krauze. La izquierda mexicana