27 oct 2008

La importancia de la oposición

La importancia de la oposición

José Luis Reyna

7 octubre 08

La pluralidad política es una condición necesaria de todo régimen democrático. La oposición, por tanto, juega un papel importante al respecto. Se expresa, entre otros espacios, en el sistema de partidos políticos. Una democracia consolidada le da cabida a diferentes puntos de vista que recorren el espectro político de un extremo al otro: en otras palabras, el interés de una ciudadanía tiene un sitio en el foro de la representación. México ha avanzado, en los últimos tiempos, en el terreno de la pluralidad. Sin embargo, ésta no se orienta necesariamente a la construcción sólida de nuestro régimen democrático. La aprobación de la reforma de Pemex por el Senado motivó una respuesta de oposición más insurreccional que institucional por parte de Andrés Manuel López Obrador, uno de los líderes opositores más importantes en la historia contemporánea de México. AMLO, sin embargo, no acepta la propuesta y aprobación legislativas que el Senado ha discutido por meses, y menos que ésta haya sido aprobada casi de manera consensuada. En otras palabras, lo que pudo pregonar AMLO como una victoria y obtener de la misma jugosos dividendos, lo convierte en derrota y lo conduce al terreno insurreccional donde encontrará más bien pérdidas importantes. Desde que perdió la contienda por la Presidencia de la República, AMLO ha desaprovechado la oportunidad para convertirse en un líder opositor sin parangón, en quien pudo recaer una alternativa institucionalmente viable y diferente a la del actual grupo en el poder. No aceptó esta oportunidad y prefirió desconocer a Felipe Calderón y autonombrarse “presidente legítimo”. Cabe decir que lo único que ha obtenido de esa autodesignación ha sido un retroceso significativo de su partido, tal como lo demuestran los resultados electorales locales, la fractura del mismo y, tal vez lo peor, un desprestigio personal del que difícilmente se recuperará en los próximos tiempos. Lo anterior no significa la muerte política de López Obrador. Tiene por delante una larga vida. Significa, sin embargo, que él mismo ha construido un sinfín de adversidades en su contra que le impedirán ser, de nueva cuenta, aquel político aceptado por más de 80 por ciento de ciudadanos, como lo recordaba Ciro Gómez Leyva en su columna del viernes pasado. Una agenda de gobernabilidad democrática debe partir del reconocimiento de que hay una pluralidad de actores políticos y que todos están sujetos a las mismas reglas del juego. En la medida que uno de ellos no las acepte, en la misma medida esa agenda se vuelve vulnerable. Es probable que éste sea el principal problema de AMLO. Quiere jugar con reglas propias, aplicárselas al adversario político y, por su parte, no aceptar las normas de éste. Un juego desigual. Es una contradicción y, más preocupante aún, una barrera que se erige para consolidar nuestra democracia, que sigue oscilando entre la fragilidad y lo imposible. La democracia, como se ha dicho hasta el cansancio, es un espacio en donde unos ganan y otros pierden. Sin embargo, el hecho de perder no implica la eliminación. Por el contrario, puede ser la fuente de revigorización de una posición y una ideología políticas. El movimiento obradorista se está reduciendo y, con el tiempo, puede quedar aislado del escenario político nacional. Por tanto, es necesario replantear la estrategia del mismo, pues una democracia sin una representación razonable de izquierda está condenada a que un segmento de la sociedad quede en el terreno de la exclusión. Nuestra democracia es tan vulnerable que el pleno del Senado, la semana pasada, tuvo que sesionar en medio de fuertes medidas de seguridad para cumplir con su función. Esta situación es un claro síntoma de que la ruta democrática de nuestro país enfrenta un alto grado de dificultad. Está, de alguna manera, en riesgo la institucionalización política del sistema. Es indudable que la institucionalidad democrática tiene múltiples problemas que procesar: la crisis actual que nos azota, las tensiones políticas inherentes en toda sociedad, las nuevas demandas, la defensa del interés nacional, etcétera. Sin embargo para enfrentar esa variedad de retos se requiere de un gobierno con proyecto y una oposición que, de manera constructiva, permita el desarrollo de ese proyecto. Incluso modificarlo. Es obvio que no se puede mejorar la democracia si no se atiende la desigualdad, la pobreza y la exclusión social. En estos aspectos radica la importancia de la oposición. Ésta es la oportunidad que está desaprovechando López Obrador. Sería deseable que rectifique su postura en beneficio de sus seguidores y de quienes lo fueron.

Publicado en Milenio

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