22 nov 2008

Cárdenas en el 88

Cárdenas en el 88

Rosario Robles

22 Noviembre, 2008

En memoria de una mujer guerrera, Anabel Ochoa.
A Diana su hija.
A toda su familia.

El ministro Juventino Castro (hombre por lo demás respetable y normalmente justo) reiteró recientemente la especie que los cercanos a Andrés Manuel López Obrador se han encargado de propagar desde el proceso poselectoral de 2006. Que a diferencia de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, el tabasqueño optó por la movilización popular para protestar y confrontar el fraude electoral.

Esta opinión, que no merecía mayor respuesta cuando era externada por quienes sin rubor alguno le levantaron la mano a la derecha en 2000, hoy requiere de algunas puntualizaciones, sobre todo cuando la han hecho suya gente tan honorable como el ministro, quien llega incluso a afirmar que Cárdenas se inmovilizó cuando el fraude orquestado por los aparatos del poder le arrebató la presidencia, situación que “le horroriza a López Obrador”. Más allá del hecho real de que en julio de 1988 AMLO no formaba parte del Frente Democrático Nacional, pues todavía pertenecía formalmente al PRI, lo que importa es traer a colación los hechos y establecer con claridad las diferencias entre las dos situaciones que por sus características no pueden ser comparables.

En aquel entonces la defraudación quedó claramente establecida. No sólo por la caída del sistema que simplemente no resistió los votos que mayoritariamente llegaban a favor de la opción cardenista, sino por una gran cantidad de factores que configuraron una elección totalmente viciada, organizada por el gobierno y nada equitativa. En aquel entonces simplemente nunca aparecieron los paquetes electorales correspondientes a 25 mil casillas, no se tuvo acceso a los medios de comunicación por la sencilla razón de que, sobre todo los electrónicos, estaban controlados por el gobierno y su partido y, desde luego, no se contaba con los cuantiosos recursos que en 2006, bajo la forma de prerrogativas (y aportaciones privadas que la doble moral y la hipocresía ocultan), tuvo a su alcance López Obrador.

En 1988 la campaña inició en condiciones muy austeras, de comunidad en comunidad, en ocasiones con una comitiva muy pequeña, situación que se fue modificando al aflorar la participación ciudadana y las movilizaciones multitudinarias (que se dieron en La Laguna, en Ciudad Universitaria y en otras partes del país), lo que fue configurando un amplio respaldo de sectores diversos de la sociedad. No se contaba con la plataforma tan importante que representa el gobierno de la segunda plaza política en importancia, ni con instituciones electorales autónomas. Se enfrentó a intereses extraordinariamente poderosos y se cimbró un sistema que a partir de ahí firmaría su acta de defunción (aunque esto se concretara años después). Se apostó por lo único posible. Por darle continuidad y un cauce pacífico a la gran movilización ciudadana. Por convertirla en partido político para que a partir de entonces en el país los votos se contaran y se contaran bien. Para que México fuera una patria para todos. Sólo la pedantería puede comparar aquel momento con el vivido en el 2006.

No sólo por el dinero que solventó la campaña de López Obrador, sino por su acceso a los medios (como nunca antes), y el respaldo de un partido que era gobierno en la ciudad, en otras entidades y en muchos municipios del país. Convocar a un plantón en la avenida Reforma (como la gran medida movilizadora) es fácil cuando en el Distrito Federal no había autoridad ni fuerza pública que estuviera dispuesta a reprimir a los manifestantes. En el 88 era diferente. La muerte de Francisco Ovando antes del 6 de julio y de más de 500 perredistas en los años posteriores es la expresión clara de ello. Nadie le regatea a López Obrador su aportación histórica y los votos obtenidos en su campaña presidencial. Tampoco su liderazgo. Lo menos que puede hacer él (porque al final de cuentas es el responsable) es aceptar que su odisea fue posible gracias a la lucha de muchos y, en particular, a la valentía del hombre que se atrevió a desafiar un sistema autoritario y abrir la brecha: Cuauhtémoc Cárdenas.

Publicado en Milenio

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