Los desafíos izquierda

En memoria de Emilio Bichara,
joven ejemplar que se nos fue muy pronto
El escenario electoral de 2009 no se presenta nada fácil para la izquierda mexicana. Después de la campaña presidencial en la que su candidato López Obrador alcanzó un récord histórico de votos y logró unificar además del sol azteca a otros dos partidos relativamente importantes: PT y Convergencia, el panorama para el año que viene parece sombrío, pues dicha vertiente política registra una caída significativa en sus preferencias electorales, y padece de graves problemas como son la división al interior del PRD
y la fractura de la coalición que le dio vida al FAP. Esta situación se agudiza si se considera que la intermedia para elegir solamente diputados federales es una elección que concita poca participación, lo que aunado a las nuevas reglas electorales en las que la difusión en los medios electrónicos estará rigurosamente controlada por el órgano electoral, hace prever que el partido que tenga los mejores ejércitos y redes territoriales será el que tendrá mayores posibilidades de traducir sus preferencias en triunfos y en esa estrategia la izquierda, por lo menos la que ahora dirige el PRD, no ha mostrado su eficacia (ni siquiera puede ganar claramente su propia elección interna). La experiencia demuestra, además (ahí están la capital oaxaqueña y Acapulco como ejemplos), que con la participación de dos candidatos (lo que es posible en varios distritos por la postulación paralela de Convergencia y PT que sí estarán coligados) no favorece a nadie más que al PRI o al PAN. Por lo demás, en la elección del año que viene, seis gubernaturas estarán en juego, en las que de seguir las cosas como hasta ahora, la izquierda no tiene mucho que jugar, pues la contienda estará entre el tricolor y el blanquiazul en esas entidades. Desde luego que queda la opción que esos partidos cometan errores y que los del otrora FAP abracen la postulación de algunos golondrinos, pero esta estrategia que en otros momentos dio buenos resultados, en los últimos procesos no ha demostrado contundentemente sus réditos.
Pero no sólo es el proceso electoral lo que está en juego. Es también la situación de millones de mexicanos cuyos ingresos y condiciones de vida se verán afectadas considerablemente por la crisis económica, o que temen por su seguridad por la condición de violencia que priva en el país, y que, sin embargo, no encuentran en la izquierda un referente fundamental, porque lejos de abanderar estas causas está sumida en sus propias disputas. Por eso, para 2009, no basta con pedir disculpas, pues como lo demuestra María de las Heras ni siquiera son consideradas como sinceras y desinteresadas por 48% de la población, sino que es necesario replantear la estrategia, lo que implica modificar de manera importante la imagen que hoy se tiene del PRD, el principal partido de esta franja política. Según la propia De las Heras, ese instituto político registra los negativos más altos cuando se evalúan categorías como desorden, desconfianza, irresponsabilidad, incapacidad, y no ocupa ningún primer lugar en los positivos. Se requiere entonces algo más que un comercial o una ocurrencia. Se necesitan verdaderos cambios de piel. Pero a estas alturas parece difícil desandar el camino. La división interna es un hecho después de la elección del presidente del PRD. No sólo. La decisión de que las candidaturas se definan en procesos universales es una rendija segura para el descontento y la confrontación. El PT y Convergencia ya decidieron no aliarse al PRD, y para algunos distritos importantes contarán con candidatos palomeados por AMLO, que lo mismo impulsará a otros dentro del que hasta hoy es formalmente su partido. No obstante, son dichos partidos los que más tienen que perder, pues el PRD cuenta con una importante presencia en algunas entidades que, en combinación con los gobernadores, le permitirá conquistar distritos que difícilmente pueden adjudicarse los opositores como es el caso, por ejemplo, del Distrito Federal, de Michoacán, o algunos de la zona metropolitana del Estado de México. Puede que eso le dé para pasar de panzazo la aduana de 2009, pero eso a la larga no hará más que postergar su ya severa crisis. Al tiempo.
Publicado en Milenio
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