Medio siglo: sueños y pesadillas (I)
Joel Ortega Juárez
27 Diciembre 08
La locomotora pitaba y los maestros se despedían, desde las ventanillas de los vagones, de sus familiares. Era fin de 1958. El movimiento ferrocarrilero estaba en plena euforia y ésta la desparramaba apoyando a los otonistas. Desde Buenavista partían los profes rumbo a Monterrey. Allá realizarían una asamblea nacional del MRM. El sueño parecía posible. Los trabajadores mexicanos empezaban a sacudirse la dominación del charrismo. Reponiéndose de una larga época de traiciones (iniciada con Fidel Velázquez primero y luego Lombardo Toledano en la CTM) persecuciones, asesinatos y prisiones, 58 parecía el amanecer y el comienzo de la recuperación de la independencia y la democracia sindical para los trabajadores mexicanos. No duró mucho el sueño. Unos meses después, el Ejército tomaba las instalaciones ferrocarrileras en todo el país. Miles de trabajadores eran llevados a prisiones y campos militares. De forma brutal y salvaje, el gobierno rompía la huelga y daba un charrazo (imposición de una dirigencia postiza). El sindicato ferrocarrilero era asaltado por la policía y sus dirigentes encarcelados. Demetrio Vallejo iba a parar a Lecumberri y luego a Santa Martha, donde duraría preso más de 10 años. Valentín Campa caería preso tras un año de clandestinidad, escondido entre otras partes en la casa del ingeniero Jorge L. Tamayo, de quien fui alumno en la Escuela Nacional de Economía. El priato no permitía la menor autonomía al sindicalismo. Mucho menos permitía la presencia de comunistas en las direcciones sindicales, aunque las mismas fuesen resultado de procesos democráticos como el que llevó a Vallejo a la secretaría general del sindicato ferrocarrilero y posteriormente a Gabriel Pérez Rivero en la sección 9 del SNTE, compañero de Othón Salazar quien siendo el líder indiscutible del magisterio no ocupó ningún cargo sindical y murió cesado. Ningún respeto a la voluntad democrática de los trabajadores. Control férreo y total del Estado a los sindicatos. Vallejo, Campa y Othón son los tres grandes dirigentes del movimiento sindical autónomo de nuestro país. La semilla sembrada por ellos hace 50 años no ha logrado cosechar la conquista de la libertad sindical. Es inadmisible mantener a los trabajadores bajo la camisa de fuerza del charrismo. Suprimir todas aquellas leyes donde se sustenta ese control, es una de las más importantes tareas democráticas. La libertad sindical de los trabajadores urge más que nunca.Joel Ortega Juárez
27 Diciembre 08
Publicado en Milenio
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