3 dic 2008

Presentación de Massimo D'Alema

Presentación de Massimo D'Alema
Carlos Fuentes

2 Diciembre 08

Massimo D'Alema es un hombre político -es decir, un ciudadano, un miembro de la polis, la ciudad. Y es al mismo tiempo un hombre de estado. Es decir, un político que gobierna instituciones públicas y orienta la acción del poder.

Sólo que entre la ciudad y el estado, entre la polis ciudadana y el ejercicio del poder, se cuela lo que Max Weber llamó "la irracionalidad del mundo" y este accidente requiere que el político se haga una idea clara de la inteligencia que, día con día, época tras época, puede y debe oponer al incesante flujo de una realidad que a veces se manifiesta como tradición previsible, a veces como novedad imprevisible, y otras, como capricho, fatalidad o noúmeno.

La misión del estadista consiste en tomar en cuenta la tradición para admitir un cambio que la preserve, renovándola, e impidiendo que el caos -la confusión, el desorden- se impongan con severos costos para la ciudad y la ciudadanía.

Crear un estado nacional que respete la libertad de las personas y la solidaridad entre los ciudadanos, ha sido la meta de la democracia moderna: articular la libertad y la solidaridad, el individuo y la comunidad.

Destaco este desideratum para definir la personalidad de Massimo D'Alema y su tenaz propósito de hacer política y hacer gobierno sin sacrificar ni la libertad personal ni la solidaridad social.

Porque hemos visto, en las últimas dos o tres décadas, una erosión constante de la función pública, desgastada por un doble embate: el del mercado y el de la globalidad.

Massimo D'Alema, en ese tiempo, desde el gobierno italiano al que ha servido como canciller, viceprimer ministro y presidente del Consejo y desde la oposición, primero en el Partido Comunista, más tarde en la coalición de la izquierda, ha propuesto un modelo social fundado en la extensión de los derechos humanos, civiles y sociales.

Este propósito, tan claro, tan simple, adquiere toda su difícil complejidad si lo actualizamos en un mundo globalizado y en una sociedad de mercado. La propuesta de D'Alema es una respuesta a un doble desafío.

El primero: ¿cómo gobernar a la globalización?

La pregunta es fundamental porque D'Alema advierte que la globalización da prioridad a la economía pero arrincona a la política. El mundo global se mueve rápida y libremente. El mundo político se estanca, y pierde poder de decisión ante los hechos consumados de la globalidad.

Lo hemos visto en semanas recientes. El mercado, dejado a sí mismo, ha desembocado en la crisis. La crisis ha apelado al estado para que intervenga. El estado ha recuperado la función que siempre, previsor, le atribuyó D'Alema: supervisar, intervenir cuando sea necesario, ordenar en todo momento.

El mercado no es el todo: es una parte y debe funcionar en beneficio de todos, no de una cábala de intereses particulares.

Adam Smith habló de la riqueza de las naciones.

Massimo D'Alema se pregunta -nos pregunta- si puede haber riqueza sin naciones.

Advierte nuestro huésped un creciente déficit social en el mundo, un mercado global sin oportunidades políticas, una economía global sin la correspondiente internacionalización de la vida ciudadana y jurídica: la economía es global, la política es local y a menudo la globalidad sólo acentúa -o hace caso omiso- de la desigualdad.

La exigencia de D'Alema es positiva, no negativa: démosle legalidad a la globalidad.

Subordinemos el mercado a la ley en bien del propio mercado.

El segundo problema es que los gobiernos sin ideas, proyectos o legalidad decaen en el favoritismo, el clientelismo y lo que en México llamamos el "cuatachismo".

Se favorecen oligarquías financieras fuera de todo control.

Se cae en la espiral del exceso: precios inflados, colapso de la demanda, reducción del crédito, quiebra hipotecaria, incapacidad bancaria.

Describo, en estas líneas, lo que hoy ocurre en la economía norteamericana, donde los bancos tenían sólo el 10% en capital y cinco veces más en papel basura, debiendo acudir al detestado sector público para su salvación y cobrándole la cuenta a los perdedores.

Describo lo que Massimo D'Alema previó y describió hace seis años en una admirable serie de conferencias en Buenos Aires y Montevideo, no porque sea adivino, sino porque es inteligente.

Hay que reformar al estado para que haga frente a nuevas realidades sociales, políticas y económicas.

Se requiere un nuevo pacto social para implementar la reforma, crear empleos para la nueva revolución tecno-industrial, extender los derechos sociales, modernizar la fiscalidad, el trabajo y la educación, uniendo los dos argumentos, a fin de concertar, nos indica D'Alema, el cambio interno con el cambio internacional.

El mundo de 2008 no es el mundo de 1948.

Las instituciones internacionales no deben ser desechadas, deben ser reformadas. De lo contrario, se multiplicarán los conflictos fuera de todo control.

No admitamos la omisión diplomática. Sin el diálogo internacional, se crea un vacío que ocupa, sin derecho, la pura fuerza.

Sólo el derecho -internacional e interno- da respuesta justa a estas preguntas decisivas.

¿A nombre de quién se actúa?

Y, ¿quién responde de los daños?

Preguntas ardientes que nos hace D'Alema y que requieren arduas respuestas en un mundo veloz, confuso, que debe evitar la parálisis mediante el consenso y que sólo con el consenso puede proceder a las reformas.

Un mundo de diálogo, negociación, resoluciones conjuntas y sólo, al cabo, y en el marco del derecho, de decisiones de fuerza.

Un mundo imperfecto -pero no imposible. Un mundo de reformas con consenso.

Un mundo de hechos con derechos.

Señor Presidente D'Alema,

Señoras y señores,

En su Epístola a Can Grande, Dante dice que la gloria de Italia no se cierne a las fronteras propias, ni siquiera a las márgenes de Europa.

La gloria de Italia viaja con alas al mundo entero.

Hoy, Gabriel García Márquez y yo damos la bienvenida a la Cátedra Julio Cortázar a Massimo D'Alema, quien nos trae algo más y mejor que la gloria:

La inteligencia de Italia.

Texto leído el 21 de Noviembre de 2008. Cátedra Julio Cortázar, San Ildefonso.

Publicado en Reforma

No hay comentarios:

En defensa del Estado Laico y la diversidad social

Enrique Krauze. La izquierda mexicana