15-05-10
Dónde estuvo el quiebre. En qué momento el PRD dejó de representar a los ciudadanos del Distrito Federal. Cuáles son las razones para abandonar causas y convalidar políticas que en otros momentos combatió. Por qué ha depositado la representación de quienes viven en la capital del país en diputados con intereses ajenos a los de la mayoría, cuyo único soberano es el grupo al que pertenecen. Por qué se ha convertido en cómplice de decisiones gubernamentales que, si otro fuera el partido en el gobierno, indiscutiblemente rebatiría. Éstas y muchas otras preguntas se pueden formular para tratar de encontrar respuestas a lo que ha sido un viraje, un giro en los postulados que llevaron a la izquierda a ganar esta ciudad en 1997. Desde luego que cuenta mucho el deterioro en la calidad de la representación legislativa y, cómo no, el hecho de que en lugar de ciudadanos, los habitantes de la ciudad son vistos como clientelas que pagan bien las prebendas en los momentos de elección. No se requiere mejorar la calidad de la representación popular porque los triunfos, piensan ellos, están garantizados (así pensaba ese PRI que perdió rotundamente la ciudad). Tampoco gobernar de manera diferente. No es necesario poner en el centro que la ciudad es de todos, porque hace mucho tiempo que se volvió a convertir en la de unos cuantos ahora cobijados por las siglas de la izquierda. No podía ser mejor. Para ellos, por supuesto. Porque no tiene explicación alguna, ni nada que ver con un gobierno democrático y participativo, esta falta absoluta de respeto a los ciudadanos ante la proliferación desordenada de obras por toda la ciudad que no son anunciadas, que no tienen señalamientos mínimos, que no son acompañadas con la información sobre plazos de construcción (que además se extienden indefinidamente), rompiendo con la tradición inaugurada por el gobierno cardenista de informar, ofrecer alternativas, planear las obras y, sobre todo, obligar a las empresas a terminarlas en un tiempo perentorio. Lo único que queda claro es el desprecio a quienes aquí vivimos, pues no les importa la afectación que se genera por este desorden, pues muchas de las obras pueden hacerse en tiempos más cortos (por ejemplo, la sustitución de tubería de agua potable no requiere más de una semana y en mi colonia llevan ya tres meses). Tampoco el impacto en la contaminación ambiental al reducir carriles en vialidades prioritarias, pues las tareas se realizan simultáneamente asfixiando el tráfico y con ello a quienes se desplazan por esas avenidas.
El PRD tampoco puede responder al hecho de que ahora sí comparte la idea de construir una autovía privada cuyo impacto ambiental no está claro, olvidando que fue precisamente ese partido el que acompañó las movilizaciones que impidieron que zonas verdes de la ciudad se convirtieran en cemento cuando gobernaban los que ahora son sus voceros (léase Camacho y Ebrard) y que, sistemáticamente, se opuso a que se cobrara en vialidades que deben ser costeadas por el erario público y que son responsabilidad de la autoridad. Aún más. Cómo puede cuestionar la promoción de gobernantes en los medios electrónicos si guarda silencio ante el hecho de que un empleado del jefe de Gobierno (que otra cosa es el secretario de Finanzas) pague promocionales disfrazados de cortinillas informativas para promover su imagen utilizando para este fin los impuestos de todos nosotros (cuántas tarjetas de circulación con el chip tan novedoso podrían costearse con un spot). Y a propósito de esto último, qué acaso la seguridad de los ciudadanos no es responsabilidad del gobierno. Por qué tenemos que pagar, además de los impuestos, alcabalas extra para obtener lo que es una obligación gubernamental. Por qué tenemos que costear sus incompetencias. Por qué no buscar alternativas. Si a los lineamientos del gobierno federal se oponen con frecuencia, por qué éste que implica un contrato millonario se acata con tanta docilidad. Preguntas sin respuesta. Así se quedarán.
Ser… o neceser
La UNAM se ha distinguido por su respeto a la diversidad. Por promover la tolerancia. Su equipo de futbol no puede estar ajeno a esta perspectiva ejemplar. Qué bueno que se actuó en consecuencia y sus dos jugadores asumieron una posición autocrítica y constructiva. Eso es ser Puma.
Publicado en Milenio
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