7 ago. 2010

No más “izquierda” fanática

Joel Ortega Juárez

07-08-10

La sombría realidad política, económica, social y ética del capitalismo mexicano en su fase actual no es únicamente un problema del “modelo” “neoliberal”, como reiteradamente repiten los viejos estatistas del PRI y del PRD; tampoco sirve la coartada de silenciar la crítica al panismo gobernante hace un decenio.

Todo lo anterior, sin embargo, no debiese impedir comenzar a pensar qué ocurrió con las izquierdas y si ese término dieciochesco todavía significa algo en nuestros días.

No basta lamentar día con día, hora con hora, minuto a minuto, todas las miserias de esta decadencia.

Violencia impresionante e inmensa con casi 30 mil muertos en la “guerra” absurda, interminable de Calderón contra los narcos; secuestros, ejecuciones y hasta comandos de sicarios operando desde las cárceles.

Sistemáticos casos de corrupción millonaria por todas partes; cacicazgos atrincherados en falso federalismo; reaparición de fenómenos siniestros de persecución política.

Mafias adueñadas de la cultura y las universidades.

Luchas gansteriles entre gobierno, empresarios y charros sindicales donde siempre los platos rotos los pagan los trabajadores, como en la compañía de Luz, Mexicana de Aviación, toda la rama minera.

Reparto cínico de contratos a empresarios privados en el transporte público, como la concesión a ADO en la ruta 3 del Metrobús.

Rapiña de toda la partidocracia en todos los Congresos, de la Unión o estatales y las multimillonarias bolsas del IFE.

Ni todos los relatos más trágicos de la literatura mundial alcanzan los niveles de putrefacción, odio y ruindad que estamos viviendo.

Ya es tiempo de entender que la “izquierda” llorona y quejumbrosa sólo ha servido para que algunos medreen con esa “política” y sirvan (conscientemente o no) al Estado y a los poderes fácticos, al promover el miedo.

No sirve tampoco poner todas las esperanzas y la “fe” en las reales o supuestas virtudes de los predicadores de huarache, que manipulan la ira de los miserables, sin ofrecer opciones viables para cambiar.

Esa “política” sólo estimula el fanatismo, la intolerancia y la imbecilidad.

Es el huevo de la serpiente del pensamiento mágico y la restauración del Santo Oficio disfrazado de supuestos proyectos alternativos de nación, meras reiteraciones del más vulgar credo estatista, fracasado aquí y en China.

Es tiempo de sacudirse las alimañas del cerebro y abrir la mente a nuevos vientos donde sean los jóvenes quienes tomen la palabra.

No más credos redentores.

Publicado en Milenio

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