20 sept. 2010

Confundiendo el IVA

Héctor Aguilar Camín
20-09-10

Pocas cosas pueden enredar tanto las decisiones políticas de un país como confundir los principios con los instrumentos.

Confundir, por ejemplo, la educación con el presupuesto destinado a financiarla. O el salario remunerador de los trabajadores con los sindicatos que lo litigan. O el patrimonio petrolero de México con Pemex.

La educación, el salario remunerador, el patrimonio petrolero son aspiraciones y necesidades del país, principios de política pública a los que no puede renunciarse.

El presupuesto educativo, los sindicatos de trabajadores o Pemex son instrumentos que deberían estar sujetos a permanente revisión y cambio, según sus resultados.

Sucede igual con los impuestos. Lo fundamental es que el Estado tenga ingresos suficientes para cumplir sus obligaciones públicas: educación, salud, infraestructura, seguridad. Y que cumpla.

No hay que confundir esta necesidad de recursos y este principio de eficacia con los instrumentos para obtenerlos: el impuesto sobre la renta, los impuestos sobre derechos especiales o el impuesto al valor agregado.

Llevamos años combatiendo el IVA como un asunto de principios. Y el IVA generalizado como cosa del demonio.

Apenas puede pensarse en una renuncia más ciega y de mayores consecuencias para la salud fiscal de la República.

En una economía en la que más de la mitad de los trabajadores son informales, es decir, no pagan impuestos en su lugar de trabajo, renunciar como cuestión de principio a los impuestos al consumo es pegarse un tiro en el pie.

El único lugar donde se cumple el supuesto constitucional de que los impuestos deben ser universales, es decir: el único lugar donde todos los mexicanos pagan impuestos es cuando consumen: cuando pagan el IVA.

Pero el IVA está lleno de excepciones: a medicinas y alimentos, a periódicos y revistas, a instituciones educativas, a inversiones inmobiliarias. Los muchos agujeros al impuesto hacen que carezca de universalidad y permiten muchas fugas legales del pago.

La tendencia debería ser a generalizarlo, a quitarle excepciones y buscar mecanismos que compensen sus efectos regresivos, mediante devoluciones en efectivo a los niveles de ingreso más afectados.

La tendencia, sin embargo, es a seguir satanizando el instrumento, y el batallón de vanguardia en esto, hoy por hoy, es la bancada del PRI en la Cámara de Diputados.

Se confunde, creo, el principio con el instrumento, y los priistas serruchan el piso en el que quieren estar parados a partir de 2012.

Publicado en Milenio

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