2 oct. 2010

A propósito del debate con López Obrador

Rosario Robles

02-10-10

Si repruebas las alianzas apoyas a Peña Nieto. Si no las aceptas para el Estado de México estás dividiendo a la izquierda y pavimentando con ello el regreso del PRI a la Presidencia, le dice insistentemente a AMLO una dirigencia muy (pero muy) acostumbrada al canto de las sirenas. Se deben respetar las decisiones de los órganos colegiados, porque aquí no hay lugar para iluminados, para aves de tempestades que todo lo polarizan y que suelen pensar en blanco y negro, le gritan a los cuatro vientos los que, en 2006, se beneficiaron de sus quince millones de votos y lo acompañaron sin condición alguna en todas y cada una de sus decisiones: desde la fractura con el cardenismo, la imposición de su candidatura ante la falta de competencia interna y de la posibilidad de un debate sobre el tipo de proyecto y personalidad que debería postular la izquierda, hasta la toma de Reforma y su nominación como presidente legítimo. Lo mismo le dice una parte de la intelectualidad que, por cierto, todavía ayer apostaba por el voto en blanco como rechazo a una partidocracia que poco le ha dejado al país (y en la que se encuentran el PAN y el PRD, entiendo).

Desde mi punto de vista, la disyuntiva planteada es falsa. Maniquea y tramposa. En primer lugar, porque quienes dividen a la izquierda son los que, a pesar del rechazo de amplios sectores de su militancia, siguen apostando por estas alianzas que, aunque no lo digan, tienen como horizonte el 2012. Porque no sólo AMLO está en contra, también Cuauhtémoc Cárdenas por citar al dirigente más conspicuo de la izquierda, así como muchos otros líderes y militantes de ese partido, en el Estado de México y en todo el país, al grado de que a postura aliancista no resistiría una consulta (¿ya le preguntaron, por ejemplo, a los michoacanos que piensan al respecto después de la agresión artera de la que han sido objeto?). En segundo, porque estas alianzas, además de desdibujar a la izquierda, lo que hacen es habilitar al PAN, darle oxígeno para una competencia en la que se le veía muy disminuido, pero nunca para colocar al sol azteca en la vera del triunfo en la elección presidencial. Tercero, porque algunos, a nombre de toda la izquierda, resolvieron que la prioridad es frenar al PRI y que, en esa lógica, vale la pena el consorcio con un partido que es su antítesis, que ha militarizado al país, que encarcela a las mujeres por abortar, que poco a poco impone una lógica de disminución de garantías y derechos, y que ahora resulta que es mejor que el tricolor a pesar de sus ineficiencias. En todo caso, en sentido estricto, a la izquierda le correspondería presentarse ante los dos como opción alternativa. Tercero, porque en el Estado de México, tanto el PRD como el PAN han ganado sin la necesidad de aliarse. En municipios muy importantes de la zona metropolitana, pero también en toda la entidad en dos elecciones presidenciales: en el 2000 Fox se levantó con la mayoría de los votos mexiquenses y ni hablar de AMLO en el 2006.

El tabasqueño sabe lo que se juega en la elección del Estado de México y que la estrategia de sumar los colores del PRD a los del partido gobernante sólo confunde, al mismo tiempo que impide un deslinde y la posibilidad de confrontar al actual gobierno en la campaña presidencial. Entiende que la izquierda tiene que presentarse como la única opción al modelo que ha conducido al país (en las últimas décadas) a una mayor desigualdad, pobreza y violencia. Que esa es su única oportunidad (más allá de sus desplantes mesiánicos y autoritarios que los tiene). El problema es que los actuales dirigentes del PRD y del PAN no saben ganar elecciones. Que lejos de lo que señalan, son ellos los que están temerosos del rumbo ascendente del gobernador mexiquense. Y que la necesidad (ahora de coaligarse) lo único que expresa es su profunda debilidad, su incapacidad de enfrentarlo con proyectos claros y con sus propias candidaturas. En la ruta trazada afrontan múltiples problemas. Uno de ellos: que AMLO ya expresó su rechazo, que está recorriendo el estado y que de ser necesario lanzará su propio candidato. ¿O ya se les olvidó Iztapalapa?

Publicado en Milenio

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