20 jul 2008

Aplastante derrota laborista

Aplastante derrota laborista
México y el mundo
Juan María Alponte
6 mayo-08

La aplastante derrota del laborismo en las elecciones municipales deja al sucesor de Blair, Gordon Brown, en crisis. Su partido, el Labour Party, ha obtenido sólo 24% de los votos. La oposición se ha fortalecido: 44% para los conservadores y 25% para los liberal-demócratas.

Esa derrota acontece después de la catástrofe de la izquierda en Italia que, además, transportó a su capital, Roma, a un alcalde neofascista que prolongó la victoria, aplastante, de Berlusconi. Si en España el Partido Socialista se ratificó en el poder ello no debe ocultarnos que el Partido Popular ascendió en los votos y que dos aliados de Zapatero, Izquierda Unida (ex Partido Comunista y Socialistas de izquierda) prácticamente desapareció al igual que Esquerra Republicana en Cataluña.

Inglaterra es la cuarta economía del mundo y la séptima, a su vez, Italia. España es la octava. Esa enorme crisis ideológica acontece cuando se ha hecho evidente que el “capitalismo de los compinches” evidencia, a escala, el naufragio de los mayores bancos del mundo, atrapados en la irresponsabilidad y la codicia. Reveló, con la crisis hipotecaria de Estados Unidos, que la relación entre el capitalismo y el Estado social y democrático, representante de los intereses generales, convierte al Estado en una maquinaria al servicio de los conglomerados financieros. Una vez más vuelvo a decir aquí algo bien desagradable para los defensores de las frases hechas: que, contrariamente a la simplificación, manida, de que la globalización ha supuesto el incremento de la brecha entre países pobres y ricos, —véase China o India que representan 2 mil 350 millones de personas— cabe decir algo mucho más significativo: que en todos los países altamente desarrollados la globalización ha significado concentración de la riqueza.

Países donde la Masa Salarial representaba cerca de 70% del PIB, esa participación en el ingreso ha descendido hasta cerca de 60%. Nada digamos de México (perfecto en su autismo que se entera del fin del petróleo 20 años después de lo que debía haber sido una etapa lógica de exploración y explotación de nuevos recursos) donde, desde hace varias generaciones, la Masa Salarial representa sólo 30% del PIB.

En esas condiciones el voto de Inglaterra demuestra que la izquierda —indispensable— se ha quedado sin proyectos que se correspondan con una nueva idea de la convivencia y del papel mismo del Estado. Décadas lleva diciendo, quien esto firma, que el problema de México no es la pobreza, sino la desigualdad. Tuvo que llegar, hace sólo unos meses, el documento colectivo del Banco Mundial, la Universidad de Stanford y la Universidad de Harvard para que lo ratificaran. El documento se titula así: “La trampa de la desigualdad y su vínculo con el bajo crecimiento en México”.

No es aceptable, por ello, definir como izquierda los slogans del populismo subdesarrollado. La tragedia de la izquierda del mundo es que no ha osado realizar, a fondo, un análisis real, social y jurídico-político del derrumbe de los muros. En 1968, 21 años antes de su caída, la invasión de Checoslovaquia para terminar con la “Primavera de Praga”, hizo patente que la izquierda no podía ser el stalinismo, sino la reforma de un Estado donde los intereses generales —el centro de su función histórica— no puedan confundirse con un Estado de “nomenklaturas” privadas. Si ustedes piensan en México no podrán eludir que ese es el centro del modelo mexicano: sus “nomenklaturas”.

En 1968, después de Praga, el filósofo del Partido Comunista francés, Roger Garaudy, dimitió. En su desespero, sin la voz de arriba, no supo qué hacer y se convirtió al islamismo. Hizo un libro en su defensa: Promesses de l’Islam. Se paga cara la política sin la crítica y sin la ética.

Publicado en el Universal


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En defensa del Estado Laico y la diversidad social

Enrique Krauze. La izquierda mexicana