20 jul 2008

Ganó el partido del “no”: adiós a la izquierda

Jorge Fernández Menéndez

20-agosto-07

Alguien les tendría que explicar que oponerse a todo y ser intransigentes no es sinónimo de ser de izquierda, probablemente se trata de todo lo contrario. La participación de López Obrador en el inicio del Congreso del PRD marcó el sentido del extraordinario que concluyó ayer y condenó al perredismo al ostracismo, a una derrota anunciada de cara a los comicios de 2009. El ex candidato, fiel a su costumbre, no aceptó crítica alguna a su errática campaña electoral de 2006, insistió una vez más en que se le robó la elección y pidió al PRD que se autocriticara, pero dando a entender que la revisión interna debía partir del hecho de no haberlo acompañado suficientemente en su estrategia. Si él no se equivocó no tenía por qué ser criticado. Y así quedó escrito en los documentos aprobados por el partido.

El PRD vuelve a convertirse en el partido del "no". Es verdad que en muchos aspectos de la vida interna del perredismo venció Nueva Izquierda, pero ganaron cerrando el partido, colocando mayores controles y alejándolo, en su línea política, de los intereses de la gente y de la vida política nacional, lo que le importa a la ciudadanía. El costo ya fue advertido por Jesús Ortega en la sesión del viernes: pasaron de la mejor elección de la historia de la izquierda nacional, con Cuauhtémoc Cárdenas en 88, a obtener sólo 9% de los votos tres años después, como sucedió en 91. Lo resuelto en este Congreso es más grave aún y puede llevar, además, a la ruptura definitiva del perredismo. El PRD dijo "no" a la autocrítica: nadie en el equipo de campaña de López Obrador se equivocó; tampoco fue un error no ir a reuniones con los empresarios ni al primer debate ni a los medios de comunicación que no eran adictos.

Las redes ciudadanas no fueron un fracaso ni tuvieron malos manejos financieros. No fue un error abandonar el centro, tampoco no buscar alianzas con sectores moderados. El plantón fue un acierto, lo mismo que la presidencia legítima y la campaña para 2012, iniciada en 2006. Como reflexión política sólo cabe, para el perredismo, recordar que "le robaron la elección". Lástima que los electores no piensen igual y su votación se haya derrumbado. El PRD dijo "no" a su historia. Nadie recordó siquiera a su fundador y al hombre que le dio sentido y perspectiva histórica: Cuauhtémoc Cárdenas. Incluso, en su discurso, López Obrador habló como si su liderazgo hubiera sido histórico, cuando en las elecciones de 88 no era, siquiera, miembro del FDN y su carrera política fue lanzada por Cárdenas a mediados de los 90. Dicen que quien no asume su historia está condenado a repetirla. Así será. El perredismo dijo "no" a las alianzas. No importan fuera del Frente Amplio o de la Convención Democrática o del gobierno legítimo, que son como la Santísima Trinidad, tres entidades que son el mismo ente. Pero, además, con un advertencia: si se apartan esos aliados de la línea establecida, se les dirá adiós. Deberían comenzar a pensarlo: en las elecciones estatales de este año, salvo Oaxaca, que resultó otro fiasco electoral, no pudieron establecer alianzas en ninguna entidad con el PT y Convergencia.

Además, los nuevos documentos prohíben alianzas con el PRI y el PAN. El PRD dijo "no" a la relación con el Ejecutivo. A partir de ahora, toda la relación institucional será exclusivamente, dicen sus documentos, con el Poder Legislativo. Pero como su margen de alianzas es también muy estrecho, vaya usted a saber cómo piensan instrumentarla. Por lo pronto, también es resolución del Congreso no apoyar la reforma fiscal. Entonces, ¿para qué presentar una propuesta del FAP si la misma no puede servir como parte de una negociación? El PRD dijo "no" a la independencia de sus gobernantes: éstos ya no gobiernan para la ciudadanía, sino para el partido. A partir de ahora todos los gobernadores y los legisladores surgidos del PRD deberán responder a sus lineamientos y a las órdenes de sus cuerpos de dirección. Me imagino que, si se cumple con esa exigencia, plasmada una vez más en los documentos básicos, el partido se quedará sin gobernadores: no me imagino a Lázaro Cárdenas y a Amalia García, mucho menos a Zeferino Torreblanca o a Juan Sabines, acatando órdenes del nuevo consejo político que reemplazará al CEN perredista.

La verdad, ni a Narciso Agúndez o a Marcelo Ebrard. ¿Se les aplicará además la línea de que sólo pueden tratar con el Legislativo? ¿Cómo harán entonces esos mandatarios para gobernar, cómo se van a relacionar con la Federación, a qué se dedicarán? El PRD dijo "no" a la votación abierta de sus candidatos y dirigentes. Los mismos ya se elegirán con base en el padrón de militantes. La medida tiene un doble fondo: por una parte, trata de cerrar y blindar al PRD de influencias externas, pero sobre todo de evitar que las redes ciudadanas de López Obrador influyan en la elección de su próxima dirigencia, lo que tiene cierta lógica si se asume que existen diferencias entre lo que representa AMLO con respecto al perredismo. Lo extraño es que se decide que el PRD y López Obrador, con todas su parafernalia y sus siglas detrás, son incontrovertibles en el partido, pero al mismo tiempo se trata de evitar que influya en él, por lo menos en torno al cambio de dirigencia, para que no vuelva a ocurrir lo de Leonel Cota Montaño, que resultó presidente del partido casi sin haber militado en él. Este último "no" es el que mejor refleja lo sucedido: Nueva Izquierda ganó el Congreso, cerrando al partido, teniendo que hacer exactamente lo contrario de lo que proponen en términos políticos a la ciudadanía y a los otros partidos. Quizás es el camino necesario para ganar la dirigencia en 2008 y tratar de cambiar algo con miras a 2009. Me temo que ya no van a tener tiempo y quedarán, una vez más, como rehenes, hasta 2012, de un cada vez más intransigente y sectario López Obrador.

Publicado en Excélsior



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