19 oct. 2010

Katz

Héctor Aguilar Camín

19-10-19

Ha muerto Friedrich Katz y con él una parte de nuestra memoria. Su vida incluye las desgracias trágicas del siglo XX y su obra las grandezas no menos trágicas de ese siglo en México.

Llegó a México por la persecución a los judíos europeos y dedicó a México la mirada de un refinado académico de izquierda marcado por esa experiencia universal.

Leyó la Revolución mexicana como una de las importantes del siglo XX, y como la menos brutal y de consecuencias menos opresivas de todas ellas.

Escogió para su obra cumbre a Pancho Villa, el más famoso caudillo de esa revolución, el más violento y contradictorio, el más instintiva y genuinamente revolucionario a su entender, y también el más inquietante y enigmático para su mirada serena, ilustrada y racional, bullente de comparaciones fértiles y ordenadas escalas analíticas.

Padecía fértilmente la pasión por los detalles característica del historiador. Y pudo poner en un libro inagotable la historia enciclopédica del ser humano menos parecido a él, la historia de un forajido legendario que destruyó un ejército enemigo y el suyo propio en el vértigo de sangre de una revolución.

El Villa de Katz, que ha publicado editorial Era, en una traducción ejemplar de Paloma Villegas, es del tamaño de la vida. Ahí está todo lo que puede saberse de Francisco Villa, y algunas cosas más. Ahí están el bandido y el guerrillero, el valiente y el paranoico, el gran guerrero y el estratega torpe, el genio de la organización militar y el comandante voluntarioso que destruye su ejército lanzándolo una y otra vez sobre las trincheras de sus adversarios en los llanos del Bajío.

Me intrigó siempre la fascinación ejercida por este caudillo violento sobre la cabeza europea, refinada y cosmopolita de Katz.

Quizá fuera sólo, como lo dijo él tantas veces, que no había otro caso de un gran comandante militar del siglo XX verdaderamente venido de abajo, hecho por su propio genio, al margen de una ideología, de un partido o de una educación.

Hijo de un escritor comunista y él mismo un hombre de izquierdas, Katz fue maestro en la República Democrática Alemana y regresó de ella con el sueño muerto.

Pero conservó siempre el fondo moral de todo genuino hombre de izquierdas: la íntima solidaridad con los desheredados de la tierra, sus fatigas y sus aspiraciones.

En la Revolución mexicana y en sus caudillos campesinos creyó ver el milagro de un verdadero movimiento popular, no sólo en el espíritu o en el programa, también en el mando.

Ha muerto Friedrich Katz y con él algo de lo mejor de nuestra memoria.

Publicado en Milenio

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